«Dentro de mil anos ninguén lembrará a Trump, falarán da materia escura»

Jorge Mira presentó a los alumnos del IES Rosalía de Castro de Santiago su último libro, «¿A que altura está o ceo?»

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santiago / la voz

-¿A que altura credes que está o ceo?

-¿A un quilómetro?

-Non.

­-¿Es una pregunta trampa?

Como empiezan todos los momentos que valen la pena, la presentación de ayer de ¿A que altura está o ceo? comenzó con una pregunta. Con esa pregunta que Jorge Mira lanzó a los estudiantes de segundo y tercero de ESO del IES Rosalía de Castro de Santiago. Se encontraban cara a cara con quien ha escrito el libro escogido para el proyecto lector del departamento de Física y Química del instituto, que después de responder a qué altura está el cielo -a unos 20 o 25 kilómetros, donde empieza la atmósfera- lanzó otra pregunta. ¿Cuándo se midió por primera vez a qué altura está la luna? No, no fue en el siglo XVII. Esa duda la despejó Javier: fue en la antigua Grecia. Veintitrés siglos. El inicio de una batalla, la del conocimiento del cosmos, que va cerrando incógnitas para abrir nuevos interrogantes. En el siglo XIX se midió por primera vez a qué altura estaba una estrella. Hace menos de cien años, el concepto galaxia era una entelequia. Fue Hubble -sí, el del telescopio- el que pipa en mano razonó en 1923 que la Vía Láctea no era todo el universo. Había más. Mucho más. Tercera pregunta: «Cantos grans de area hai nun centímetro cúbico?». ¿Un millón? No. ¿Mil? Tampoco. Del orden de diez mil. Entonces, ¿cuántos granos de arena hay en todas las playas de Galicia? ¿En todas las de España? ¿En el desierto del Sáhara? El número de granos de arena que hay en todo el planeta es entre cien y mil veces inferior a las estrellas que hay en el universo. «Cada gran é unha estrela cos seus planetas, así que teredes clarísimo que ten que haber vida extraterrestre, porque con todas as posibilidades que hai, ten que habela». Otra cosa es que nos comuniquemos con ella. O ella con nosotros. Y Jorge Mira siguió avanzando en la batalla que comenzó hace 23 siglos. Stephen Hawking. Descubrió que el tiempo desde la creación del universo hasta hoy es finito. Y ese tiempo se ha calculado. Aquí, en este punto, se cierra una incógnita. Pero se abre otra. «Dentro de mil anos ninguén lembrará a Trump, espero. Os historiadores falarán de que no cambio do segundo ao terceiro milenio o ser humano descubriu tres cuartas partes do universo: a enerxía escura». ¿Qué es? ¿Cómo actúa? Esas preguntas las responderán, quizá, los alumnos que ayer escuchaban en Santiago. Los Mira, los Hubble, los Hawking del futuro.

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