Sin cascos

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SOCIEDAD

El sol todavía se está asomando por la línea del horizonte. Mientras la cafetera se calienta, el último éxito indie se cuela en la cocina. Otra mañana en la que los vecinos han decidido prescindir de los cascos. Todavía es temprano. En la parada del autobús, reggaeton rompiendo la barrera del sonido. El chiquillo que se va a clase ha decidido que los cascos son una pérdida de tiempo. Hora de la comida. El soniquete de las noticias se ahoga en los graves de la balada que los del piso de al lado usan como banda sonora. ¿Para qué usar cascos? Un paseo vespertino. El semáforo se pone en rojo. Varias manzanas son inundadas por el hit techno que sale de los bafles de un vehículo. Reunión nocturna. Mandan los oldies hasta las dos. Los cascos han muerto. Al mismo tiempo que el respeto que en un tiempo hubo por el silencio. Por el propio, pero más que nada, por el ajeno. Cuando nos poníamos cascos.