Músicos gallegos hablan de los «hits» estivales que les generan pesadillas
10 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Todo verano tiene su canción. Las hay que gustan y no puedes parar de mover el esqueleto. ¿Y qué pasa con esas que no puedes aguantar? Suenan en discotecas, chiringuitos de playa, orquestas y hasta en los coches que pasan con las ventanillas bajadas. «Son como un chicle que se te pega. Al estar en todos lados te las tienes que tragar», dice la cantante Silvia Superstar. Y piensa en una: Bomba de King África.
Róber Bodegas, pinchadiscos cuando deja el humor a un lado, posee una opinión singular. El problema no son tanto los estribillos repetitivos ni la falta de musicalidad: «Las que me horrorizan son esas que te dicen cómo tienes que bailar, con pasos ya marcados». ¿Ejemplo? El Danza Kuduro o la de «Un pasito pa'delante, María» de Ricky Martin. «Te dan instrucciones y te hacen parecer retrasado. ¡Oye, tío, no me digas lo que tengo que hacer, que no eres mi jefe! ¡Déjame bailar como quiera!», explica.
¿En cuántas celebraciones habrá sonado el Paquito el chocolatero? En miles. Charly Domínguez, bajista de Los Suaves, no la aguanta. Tampoco a La Macarena. «Les gustaba a todo el mundo en todo el planeta. Para mí eran un horror de canción. Luego había otras como Un rayo de sol o el Aserejé de Las Ketchup con las que en alguna boda hacía chorradas», relata el músico ourensano.
El tiburón. Susana Seivane no tiene dudas: «Resúltame moi empalagosa e repetitiva. Non ten mensaxe nin é divertida. Outra é a de Rebeca, Duro de pelar. Me horrorizaba», señala la gaiteira cambresa. El también cambrés Hugo Torreiro no aguanta El taxi. «Nunca la entendí como una canción. Es horrorosa. No tiene musicalidad ninguna y repite siempre lo mismo», afirma.
Seguro que muchos gallegos cantaron eufóricos el despejar del cielo con Un rayo de sol, de Los Diablos. Pero Nonito Pereira, no. El promotor y comentarista musical es tajante. «Estaba hasta las narices de ella. Me fastidiaba el 'uoooo' cantado por toda la gente», se ríe. Este verano, como muchos anteriores, Jennifer López arrasa con su single Ain't Your Mama. Rosa Costas, de Aerolíneas, no la aguanta, pese a que la americana suele ser de su agrado: «Mi hija dice: '¡No, mamá, no digas eso!'. Pero a mí me resulta muy pesada». También añade, al igual que Silvia Superstar, a King África y su Bomba.
La tarea resulta sencilla para Rodrigo Caamaño, cantante de Triangulo de Amor Bizarro. Pregunta y disparo: «Odio con toda mi alma Pan y mantequilla, de Efecto Pasillo. Es como coger todas las canciones de Melendi a la vez y convertirlas en un popurrí de horror chiringuitero», en referencia a las más recientes. «De las clásicas, de cuando empezó este fenómeno, lo cierto es que no odio ninguna. De hecho les tengo cariño y hasta le doy un sí a la Bomba. King África me cae simpático», explica.
Georgie Dann, el más querido
Resulta cuando menos curioso, pero casi todos coinciden en salvar de la quema al rey de la canción del verano, Georgie Dann. La barbacoa o El chiringuito se evocan con cariño. A Susana Seivane le gusta. Le resulta divertido. Rodrigo Caamaño, igual. También es del agrado de Silvia Superstar: «Son buenas canciones y me traen muy buenos recuerdos de veranos pasados», afirma. Pero tampoco ahí existe la unanimidad. Nonito Pereira esta cansado de escuchar en todos lados la «maldita» Barbacoa. Rosa Costas, del grupo Aerolíneas Federales, califica de «infame» esta canción. «Hay horteradas que te hacen bailar y pasarlo bien, pero otras...», explica.
Quizá todo radique en la mesura. Lo piensa Tonhito de Poi, guitarrista de Heredeiros da Crus. Afirma que el problema radica en la repetición de estas canciones: «Moléstame que as repitan tanto, aínda que sexan de rock. Se están na súa xusta medida, non hai problema. Se che gusta e quedas con ganas de máis é moito mellor».