Invasión vikinga con el vaso de La Voz

l. sandoval REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

En Galicia, romerías hay muchas, pero una en la que desembarquen unos barcos vikingos cargados de bárbaros que van salpicando vino... De esas solo hay una. Y, cómo no, cuenta con su vaso de la colección de La Voz.

02 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuenta la leyenda que, en algún momento del siglo XI, el rey Ulfo, un barbudo vikingo, intentó asaltar Galicia y fue a dar con su barco a la desembocadura del Ulla. Allí se encontró con lo que no esperaba, una resistencia feroz y una derrota sin paliativos. Las fortalezas de Catoira fueron demasiado para aquella expedición y el propio Ulfo fue cristianizado por el obispo Gelmírez. La gesta misionera no se conmemora, pero el asalto vikingo, desde 1961, sí. Y ha sido tal su predicamento que se cuentan por miles los romeros que cada año se acercan a Catoira a presenciar la derrota vikinga, no sin antes hacer de las suyas poniendo perdidos de vino a los visitantes que se dan cita en el lugar del desembarco.

La fiesta hace años que elevó su nivel hasta la etiqueta de interés turístico internacional. No podía por tanto haber una cita más adecuada para cerrar la colección de vasos de La Voz que, durante doce semanas, han ofrecido a los lectores del periódico una espléndida síntesis entre la vocación festiva de Galicia y su sentido del humor, personalizado por Pinto & Chinto.

Con esta entrega, los lectores más fieles habrán completado un exahustivo repaso por las más significadas fiestas de Galicia con las que decorar su mesa, agasajar a sus invitados o, es otra idea, recorrer cada una de ellas con el vaso correspondiente. Si consiguen devolverlos todos enteros a la estantería, será un milagro. Especialmente el de Catoira, porque los vikingos, hasta que son reducidos por los defensores de la fortaleza, hacen de las suyas con el público. Lo normal es que uno salga bastante salpicado de vino. Pero no se descarta un secuestro momentáneo o un furioso ataque con las espadas de pega. Vaya a Catoira, se lo pasará bien. Y quédese con el vaso de La Voz como recuerdo de una fiesta inolvidable.