Alexitimia, la enfermedad que anula los sentimientos

Los afectados por este síndrome, conocidos como «alexes», son incapaces de percibir y expresar buena parte de sus sentimientos. Los expertos aseguran que el problema surge por la ruptura de comunicación entre los dos hemisferios del cerebro


Redacción

«¿Sabes esa sensación de cariño y afecto hacia tu hijo recién nacido que surge cuando lo ves por primera vez? Pues yo no sentí nada». Así de rotundo se muestra Caleb, en declaraciones para la BBC. Sus expresiones son tan gélidas como su vida. Aunque lo cierto es que no percibir ningún tipo de emoción no es algo que le complique su día a día. De hecho, asegura que su cerebro no está muerto emocionalmente; siente «estrés cuando pasa varios días alejado de su mujer y su familia». Caleb, quien no ha querido desvelar su verdadero nombre, padece alexitimia, un síndrome que le impide percibir y expresar buena parte de sus sentimientos. 

Los afectados por esta dolencia se llaman a sí mismos «alexes». No obstante, no debe confundirse con el autismo. Pese a que estos síntomas pueden encontrarse en el 50 % de las personas autistas, los alexes experimentan una serie de comportamientos repetitivos e impulsivos, característicos de este síndrome. 

El día de su boda, cuando su mujer avanzaba, poco a poco y vestida de blanco, hasta el altar donde Caleb ya esperaba de pie; el novio ni siquiera sentía los nervios propios del, para muchos, día más importante de su vida. Caleb, lejos de cualquier tipo de emoción, solo percibía el calor (propio del rubor) en su cara y un leve cansancio en los pies. «Para mí fue algo mecánico», asegura en su entrevista. Y es que gran parte de los alexes deben permanecer atentos a las respuestas involuntarias de su cuerpo para intentar adivinar que es lo que realmente sienten. Los afectados por el síndrome solo sienten sus reacciones corporales: «el latido de corazón cuando estas frente a la personas que amas, o el malestar de estómago que surge con la ira». La repetición de este tipo de respuestas corporales es lo que permite al cerebro asignar un valor a esas reacciones. De ese modo, los alexes pueden llegar a comprobar si se trata de un sentimiento bueno o malo y el grado de intensidad del mismo. Caleb ya es capaz, gracias a la ayuda de un terapeuta, de analizar y relacionar sus sensaciones físicas con los sentimientos que otras personas pueden llegar a sentir. De este modo, puede llegar a comprender las emociones de mujer y entender sus comportamientos. 

Pero en algunas ocasiones el problema no se encuentra a la hora de percibir las emociones, sino que aparece en el momento de comunicarlas. Muchos de los afectados se encuentran en serias dificultades a la hora de expresar que es lo que sienten realmente. Algunos científicos creen que el problema puede ser resultado de una ruptura de comunicación entre los dos hemisferios del cerebro, que evita que las señales procedentes de las regiones emocionales llegue a las áreas del lenguaje. Tal y como afirma Katharina Goerlich Dobre, de la Universidad alemana de Aachen: «es necesario que se efectúe esta transferencia emocional para poder verbalizar lo que están sintiendo».

Pero este síndrome, según palabras del propio Caleb, también tiene su lado positivo. «Al carecer de memoria emocional, puedo aguantar mucho dolor y enfrentarme a experiencias desagradables». Aunque lamenta que «eso significa que los recuerdos positivos también se borran rápido de mi mente».

Richard Lane, de la Universidad de Arizona, compara a los alexes con las personas que se han quedado ciegas por daños en su corteza visual. Pese a tener los ojos sanos, no son capaces de ver las imágenes. «Del mismo modo, un circuito neuronal dañado e involucrado en el procesamiento emocional es capaz de evitar la tristeza, la felicidad, la ira...», asegura el catedrático. 

Quienes padecen alexitimia tienden a tomar una posición agresiva contra su entorno, pero especialmente contra ellos mismos. Ya que, al no ser capaz de verbalizar sus sentimientos, tienden a sentirse inútiles e insensibles. Caleb describe su sensación como una desconexión consciente. «Una vez, cuando estaba en la escuela, estábamos trabajando en una obra de teatro. Tras muchos intentos, no era capaz de conseguir lo que el director me pedía. El hombre se cansó y empezó a gritarme con fuerza. Comencé a notar que mi corazón latía muy fuerte y pude sentir algo de tensión... pero justo en ese momento estaba distraído pensando en otra cosa».

Caleb no llegó al éxtasis en su boda, no fue capaz de alegrarse por el nacimiento de su hijo; pero ha pasado gran parte de su vida tratando de mirar dentro de sí. Caleb ha tratado de sentir, entender sus sensaciones y la de las personas que lo rodean. «Mi esposa sabe perfectamente mi limitación para amar, he elegido estar con ella de forma consciente. No actúo a modo de capricho, es una decisión muy deliberada con la que busco cuidar de ella», afirma en su entrevista.

En última instancia, quiere hacer hincapié en que este síndrome «no provoca que los alexes seamos personas crueles o egoístas». En ese aspecto Caleb se muestra firme, «una persona puede tener limitadas sus emociones, sin ser un psicópata. Tenemos corazón igualmente», sentencia.

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