07 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.
Un hombre coloca el trípode de su cámara en un murete. Su esposa lo salta, dispuesta a posar, pero una advertencia la detiene: «¡Disculpe! No se puede pasar». El hombre pone cara de fastidio. «Si le dejo a usted, les tengo que dejar a todos», se justifica Iago, uno de los guías: «Controlamos para que non caian polos cantís, porque hai moito inconsciente; que non leven percebes, flores... E tamén o acceso cando hai atascos», explica. Y añade: «Pero é que hai días que é unha esaxeración. ¡E o que queda por vir!».