Esta sangría sí que te pone a punto

SOCIEDAD

Es la bebida del verano. Alguno pensará que elaborar una buena sangría es como freír un huevo. Qué equivocados están. Prepararla como Dios manda es tarea para elegidos. Lean y verán

02 ago 2014 . Actualizado a las 13:13 h.

Dicen sus amantes que ninguna otra bebida da un «puntito» tan placentero y refrescante como el que da la sangría. Ese golpe de alegría que te mantiene en pie sin dejarte perder los papeles. Que acompaña, cada vez más, como ningún otro brebaje estival las comidas o las cenas entre amigos, en terrazas, mesones, tugurios y hasta en restaurantes de cinco tenedores. Cada año hay más gente enganchada a este jugo de frutas y alcohol y cada vez son más los que se lanzan a experimentar, a incluir ingredientes y licores que hagan de este caldo un cóctel para dioses. A pesar de que los gallegos nunca fueron tan de sangría como en el resto de España, sobre todo en el centro y en el sur, son ya muchos los hosteleros que incluyeron en sus cartas esta bebida por el tirón que tiene, sobre todo, entre los más jóvenes. Por su sabor refrescante y por su precio, pues el litro puede ir desde los 5 a los 10 euros, dependiendo los ingredientes.

Pero ojo, en la mayoría de los lugares la compran hecha, en envases de cartón que en el súper apenas superan el euro. Para despistar, añaden unos trozos de fruta y cobran por ella como un Borgoña. Quien no la elabora y la prefiere comprar hecha tiene sus razones, pues preparar un litro de sangría como Dios manda no es cualquier cosa. Para empezar, el vino. No es que se exija un gran caldo, pero tampoco uno de esos peleones que la juventud se echa por encima en las romerías. Tiene que ser de gama media. Los que saben dicen que el más adecuado es un tinto joven afrutado. También Sauternes, Jerez, Priorato, Nava del Rey o cava. Luego es conveniente añadir el azúcar en forma de almíbar para que se mezcle uniformemente, ya que no debe resultar una bebida dulzona. También se añaden limón y naranja, y se añade únicamente su zumo en la cantidad deseada, a diferencia de las otras frutas que se echan troceadas. Se pueden añadir otro tipo de frutas, y lo mejor es que estas sean de temporada, que siempre son más aromáticas. Las más utilizadas son el melocotón, el albaricoque, la pera, la manzana y el plátano. También se permite la canela para quienes gusten de esta especia. Otros de los ingredientes básicos de la sangría es el gas carbónico. Es conveniente añadirlo en el último momento para que el gas no desaparezca en el aire y para ello, es frecuente utilizar refrescos de naranja o de limón.

Ángel Muro, en su Diccionario de Cocina (1892), define así la sangría: «Nombre que se da, sin que se sepa por qué, a una bebida o refresco en que la base es el vino mezclado con limón, naranja, agua y azúcar». De lo dicho por Muro a como hoy en día se hace hay un abismo. Porque hay tantas recetas como bebedores. Muchísimas personas prefieren la sangría de cava que la de vino. Y luego están las frutas. La imaginación no tiene freno y se ven sangrías de mango, de kiwi, de cerezas... La copita de licor que le echa la mayoría también abre un mundo de posibilidades y gustos. Lo más común es el coñac, pero también hay quien le pone ron o bebidas alcohólicas elaboradas y dulzonas, como el cointreau o la crema de güisqui. En resumen, que la sangría puede con todo.

Claves para hacer la sangría

1. Fruta y zumo de naranja de limón. La sangría de siempre lleva un poco de zumo de limón y de naranja. Luego se añaden los trozos de fruta, como el melocotón, plátano, manzana...

2. Un vino de tipo medio. Evitar un mal vino. Que sea de tipo medio y, mejora que sea tinto joven afrutado. También queda bien con un jerez, un priorato o con cava.

3. Licor, especias, azúcar, hielo y remover. La sangría tradicional lleva una copita de licor, generalmente un coñac, ginebra o cualquier crema dulzona. También se puede echar especias como la canela. Añadir azúcar según el gusto del consumidor, dejar reposar dos horas, echar hielo y servir.