Soy «jister» y no doy hecho

Un drama real. Ser un auténtico moderno trae a cualquiera por la calle de la amargura. Siempre tarde. Siemre al borde del «mainstream». Yo me quito


La Voz

Hoy he venido a contarles el verdadero drama de la sociedad actual. Ni el paro, ni la sanidad, ni lo de Ucrania, ni las elecciones europeas ni el juicio a los siete ediles de Santiago. El verdadero drama es ser jister y no dar hecho [he aquí una expresión digna del premio Cervantes por su fina construcción sintáctica salida del más puro castellano]. Yo estoy a punto de claudicar. It's very difficult todo esto. No se puede. Es una carrera suicida, un no parar, un sufrimiento continuo. Jamás se es suficientemente jister. Yo vivo al borde del precipicio del mainstream. Es dramático, de verdad. Veinticuatro horas hay que pasarse atento al moderneo para no salirse de la pole position del jisterismo.

Ser jister debería cotizar a la Seguridad Social. Es un duro trabajo. Estás ahí a todas horas leyendo revistas. Pero no el Historia y Vida. Ni siquiera el Mondo Sonoro. Hay que leer revistas en letras extranjeras, en alfabetos con acentos circulares en las consonantes (!) y erres al revés (!!). En letras extranjerísimas. A veces tengo miedo de que en realidad, las revistas de marras se titulen Espantajería y mamarrachez y en las fotos de street style moderno los pies pongan: «Miren las pintiñas que lleva este julay, no le dan trabajo ni en el Circo del Sol». Y nosotros ahí mirando y asintiendo diciendo convencidos ?qué moderno, qué moderno, qué conceptual e irreverente?. Y copiándoles como locos, aunque el titular del reportaje en la realidad rece: «Sea persona. No se vista como estos mamarrachos».

Esas revistas las escriben unos siervos de Satán que además son bipolares y tienen muy mala leche, que son los que dicen qué es jister y qué es mainstream. Cuando la hipermetropía regresó del pasado a mi vida y me compré las gafas -lo confieso, llevo gafas porque las necesito, algo que es poco jister- salí feliz como una perdiz de la óptica con unas de esas de pasta cuadraditas y con patillacas. Mal. Tarde. Burra, Tamara. Mainstream. Lo que era jister eran las de Steve Urkel de montura de pasta negra. En esas caí también. Mal. Tarde. Burra, Tamara. Mainstream. Porque por entonces lo que molaba eran las de madera, que ahora ya están out, porque la lucha es de las de montura metálica años 50 contra, atención: LAS GAFAS DE PAPEL.

Que lo del vintage es también una cosa loca. Patrás, patrás, todo el día patrás. Primero fueron los 80. Luego los 70. Luego los 60. Después los 50. Yo apuesto porque el siguiente furor será la moda de la Restauración borbónica. Iremos todos vestidos de carlistas. El carlismo es el siguiente bum jisterístico, después no digan que no se lo avisé. Lo de la barba y las patillazas ya ha llegado. Los abrigos de paño están aquí. Así que solo queda la boina roja y el Detente Bala. El carlismo va a llegar. Prevenidos quedan.

Lo de la ropa me pone negra. Porque yo me compré la camiseta de rayas megajister y ahora ya no molo nadita. Ahora lo que mola son las camisas con el cuello abotonao al borde del estrangulamiento y el estampado más raruno que te puedas encontrar. Si es de sofá, mejor que mejor: una estampida de floripondios sobre un fondo marrón tirando a caca es lo más. La máxima es: si es fea, es jister. Esta yo ya la tengo, no se vayan a creer.

El vintage es obsesivo también con la música. Oigan. Estaba yo abriéndome una cuenta premium en el Spotify ese y nada, otra vez tarde. La petasión eran los vinilos. Ahí con el vinilo todo el día. Que si la música es más cálida que los cedeses modernos, que los vinilos molan. Y ahora que estoy yo entrando en el universo vivaantes de los vinilos, ojito ahí. ¡Vuelven los casetes! Aquí me emociono porque yo ya tengo walkman vintage y cintas vintage. Muero de ganas de volver a escuchar trlllltrtllltrrrlllrrrr en la pletina y sacar el boli bic para darle al racaracaraca y volver la cinta a su sitio. O pegarles unos celos y grabar por encima chorradas para hacer rabiar a mi hermano. Muero de ganas. Que los de Sony, visionarios ellos, ya se han sacado de la manga un casete de 185 teras de capacidad. Que no es lo mismo, hombre. Que yo prefiero oír mis cintas de Ana Kiro y Juan Pardo en mi walkman con los auriculares de aluminio con la espumilla esa, nada de los de meterte en el oído interno ni los de Iñaki Gabilondo con los que andáis todos. Y cuando todos estéis ahí erre que erre, la cinta es lo más, el sonido es más cálido, no hay nada como el casete, yo seré mas jister que nadie, una trendsetter mundial y sacaré del cajón... EL DISCMAN. Pero no ese moderno que era muy estable y muy guay. No. Yo sacaré el que saltaba a la mínima vibración, el auténtico discman, el más vintage. Me coronaré la reina de los jisters y todos tendrán que adorarme.

Y cuando todos me hagan caso porque seré otra de las siervas de Satán bipolares, os obligaré a todos a tirar las fixies esas, que son bicis que ni marchas tienen, que súbete tú las cuestas de Vigo con eso. Y en un ejercicio de porqueyolovalguismo os obligaré a ir en coche, porque el coche es el progreso y la quintaesencia del jisterismo. Cuando sea dictadora del imperio jister tope guay, seremos todos carlistas con coche. Al tiempo.

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