El poder negro tiene nombre de mujer

Beyoncé no se conforma con 17 grammys, ahora quiere un Oscar y un Tony

Beyoncé y Jay Z suman una fortuna personal de mil millones de dolares (un billón de dólares), que son unos 750 millones de euros.
Beyoncé y Jay Z suman una fortuna personal de mil millones de dolares (un billón de dólares), que son unos 750 millones de euros.

redacción / la voz

Es la mitad de la pareja más influyente del mundo y una de esas pocas personas a quien todos conocen por su nombre, sin apellido: Beyoncé. Esta semana pudo haber sido la amante de Barack Obama, un bulo en los digitales debido a la boutade de un paparazi, pero lo cierto es que a esta texana de 32 años no le hace falta un affaire presidencial para ocupar los titulares.

Beyoncé Giselle Knowles hizo buena la frase «mamá, quiero ser artista», en concreto a los nueve años, cuando, viendo la final de la Super Bowl, le dijo a su madre: «Yo estaré allí algún día, como Whitney Houston, cantando en la final». Entonces comenzó a acudir a programas de talento, y tenía doce cuando buscaba su oportunidad en la tele con el grupo Girl Tyme, que con el tiempo se transformó en Destiny?s Child, el conjunto que la aupó a la fama.

La vida artística de Beyoncé no se entiende sin su entorno familiar. Criada en Houston, en pleno cinturón bíblico, formó parte de los coros de su iglesia, y fue su padre, Mathew Knowles, quien le dio el impulso definitivo. Él vendía aparatos de diagnóstico médico, pero un recorte de su sueldo en 1992 hizo que se replantease su vida, y se convirtió en productor musical; en 1996 firmó con Columbia para su hija y la vida ya no volvió a ser igual (tanto que en el 2009 se divorció de su mujer después de que esta descubriese que había tenido un hijo con una actriz). La madre de Beyoncé también contó a favor de su vena musical: Tina Knowles, nacida Celestine Ann Beyincé -apellido que justifica el nombre de su primogénita-, es el prototipo de madre de la artista. No solo estaba cerca siempre de la joven, sino que se encargaba de diseñar los trajes del grupo. Cuando Beyoncé comenzó su carrera en solitario también dejó de ser clienta de su madre, que entonces decidió montar una empresa de moda, House of Deréon, que lleva el apellido de la abuela, cajún, de la cantante. Varios almacenes norteamericanos comercializan las prendas, que se pueden comprar por Internet, y que responden a un tipo de mujer fuerte, coqueta y muy llamativa, con constantes referencias a la Luisiana de los ochenta. Tina Knowles exige desde hace años que se le llame miss Tina, un tratamiento reservado tradicionalmente a la gente de cierta posición social, con un componente ligeramente servil, y que para ella era el mayor de los sueños.

Con estos mimbres y una voz espectacular, que roza las prodigosas cuatro octavas, la carrera de Beyoncé subió como la espuma a partir de 1997. Formaba lo que inicialmente fue un quinteto pero enseguida se convirtió en un cuarteto y después un trío, del que le ha quedado una amistad muy íntima con Kelly Rowland, a quien conocía desde niña. Con este grupo vendió más de 60 millones de discos.

Solo con eso se justifica una carrera musical, pero para Beyoncé no era suficiente. En el 2000 Destiny?s Child sufrió una crisis -con descalificaciones incluidas de dos componentes-, que se sumó a la ruptura de Beyoncé con su novio, con el que salía desde los 12 años. Eso le hizo caer en un bajón -«tenía miedo de que nunca encontrara a nadie que me gustara», reconoció la artista- del que le ayudó a salir su madre.

Que Beyoncé es una mujer muy ambiciosa siempre estuvo claro: «El éxito no me llegó de un día para otro -explicó en alguna ocasión-. He trabajado muy duro, he bailado hasta que me sangraban los pies muchas veces». Sin duda, esa es otra de las características de Beyoncé, su presencia en el escenario, con montajes en los que el baile ha tenido un papel fundamental.

Una vez superada la ruptura con sus inicios, Beyoncé publica su primer disco en solitario, Dangerously in Love (2003), que resultó un éxito incontestable (11 millones de copias). El disco lo realizó con Jay-Z, uno de los raperos más poderosos de la industria -50 millones de discos vendidos y 15 premios Grammy- y doce años mayor que ella. Entre canción y canción se enamoraron, y en el 2005 hicieron pública su relación.

Un año después, con el 25.º cumpleaños de Beyoncé salió a la calle B?Day, su segundo disco en solitario, del que vendió 6 millones de copias y que estuvo en las listas de éxitos con sucesivos sencillos y alguna ampliación durante dos años.

A finales del 2008 publicó I Am... Sasha Fierce. Sasha era el alter ego de Beyoncé, una joven fuerte y desinhibida que se subía a un escenario. Resultó exitoso, por supuesto (22 millones de copias), pero ella ya tenía algo más en mente, además de su boda en París con Jay-Z: «No quiero seguir siendo una estrella del pop sin más; ya he tenido suficiente. Ahora me gustaría convertirme en un icono: siento que la gente me respeta, algo que valoro muchísimo más que todos los premios o récords de ventas. Quiero dar un paso más», concluyó.

¿Feminista?

Esperó al 2011 para lanzar su cuarto disco, 4, que se filtró en Internet, aunque también vendió muchísimo (3 millones de copias), y anunció su embarazo. En enero del 2012 nació Blue Ivy, una niña que tiene una barbie con diamantes incrustados valorada en 50.000 euros.

El quinto disco acaba de salir, y lo hizo de forma sorpresiva para evitar filtraciones. Lo titulo BEYONCÉ, porque Sasha ya ha pasado a mejor vida, ahora está contenta en su piel, también en el escenario. La artista está explorando el camino del feminismo «moderno», que no encuentra contradicción entre defender a las mujeres por su interior a la vez que actúa medio desnuda. Está satisfecha: «Crecí entre mujeres y estoy convencida de que podemos enseñarnos muchas cosas. En mis viajes he comprobado la importancia de canciones como Independent Women para las mujeres con velo». En otra ocasión comentó: «Cuando una mujer me dice que ha tenido que esconderse para escuchar mi música, siento que mi misión es mucho más profunda de lo que pensaba».

Este afán se retroalimenta con su cercanía a los Obama. Hace piña con la pareja presidencial y para muchos la suya es más poderosa. Eso no la libera de críticas: por usar pieles, permitir que se la adelgace e incluso aclare la piel con Photoshop en las campañas publicitarias, y por cantar el himno en la investidura de Obama en playback. A ella le dan igual, ahora tiene una meta: ganar un Óscar (cine) y Tony (teatro) y tal vez, a lo lejos... la Casa Blanca

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