El accidente del Columbia tuvo lugar por los efectos que produjo el impacto de un fragmento del material aislante de los depósitos externos de combustible con la estructura de la aeronave. Ese fue uno de las motivos de que NASA decidiese que en el diseño de la siguiente generación de transbordadores espaciales los depósitos estuviesen dentro de la aeronave. Tuve ocasión de participar en ese proyecto, en colaboración con NASA Marshall Space Flight Center, y la nueva aeronave contenía muchas innovaciones. El proyecto finalmente fue cancelado por NASA, aunque el concepto de blended wing body, actualmente muy en boga, guarda cierta semejanza. Y no solo no ha habido rediseño, sino que las lanzaderas espaciales han desaparecido y NASA está actualmente en una etapa sin misiones estratégicas claras ¿O sí?
Quizás sí las tenga, pero desde otra perspectiva. NASA fue una actuación gubernamental, o sea de financiación estatal, en un país en que la doctrina social es que la iniciativa privada es la que debe llevar a cabo las tareas. Esa intromisión de lo público se consintió, quizás, porque resultaba conveniente para llevar a cabo rápidamente la misión de llegar a la Luna que el presidente Kennedy había proclamado. Una vez culminada y tras comprobarse que otros retos, como el viaje a Marte, por no hablar de la colonización de ese planeta, pueden requerir mucho tiempo y recursos es, de nuevo, la hora de las empresas. Así que NASA, seguramente, va a convertirse fundamentalmente en un organismo que financie aquellos proyectos espaciales que sean capaces de mostrar viabilidad técnica y sean las empresas las que asuman, en cierta medida, los riesgos financieros. Ahora bien, ¿qué va a ser de los miles de ingenieros y científicos que están actualmente en su plantilla?