CTodas las células del organismo tienen el mismo ADN. Sin embargo, mientras unas, como las células madre, tienen la potencialidad de convertirse en cualquier tipo de célula, otras han sido programadas irreversiblemente para realizar una función concreta, como ocurre, por ejemplo, con las neuronas. Es lo que los científicos llamamos programación celular.
¿Puede esta programación celular ser revertida? Es decir, ¿puede una neurona, que ha sido programada para transmitir impulsos nerviosos, volver a un estado inicial en el que aún no era una neurona? John Gurdon, de la Universidad de Cambridge, dedicó casi toda su vida a sentar las bases en torno a esta cuestión y, por sus aportaciones, ha sido recompensado, a sus 79 años, con el Nobel de Medicina. Un premio que, a pesar de su edad, le sorprendió al pie del cañón. Por otro lado, estaba en casi todas las quinielas que sería premiado Shinya Yamanaka, de la Universidad de Kyoto, quien, siguiendo las líneas marcadas por Gurdon, identificó un grupo de 4 genes que serían suficientes para revertir dicha programación celular. Gracias a ellos es posible avanzar en el campo de las células madre sin usar embriones.