Una experiencia única


Todavía recuerdo la primera vez que me puse delante de un Macintosh e hice clic en el botón que cerraba el documento de MacPaint que estaba abierto. Sin saber cómo usar ese programa, apareció una ventana que me decía que si quería guardar los cambios, si no, o si quería cancelar la operación. Recuerdo que, por si acaso, le di a cancelar, no fuera a ser que pasara algo grave.

Al poco tiempo, harto de pelearme con los comandos de MS-DOS y programas que funcionaban cada uno de forma diferente, caí en la cuenta de que el Macintosh y su interfaz estandarizado representaba una revolución en la forma en la que se usan los ordenadores. Y desde hace más de veinticinco años no he utilizado otro ordenador a menos que no me haya quedado otro remedio.

Es cierto que al principio se nos miraba raro a los que optábamos por manejar así los ordenadores, y el Macintosh era -y es, aunque cada vez menos- una plataforma minoritaria. Pero pronto, con la aparición de Windows, la opinión mayoritaria cambió y desde entonces los interfaces con ventanas, iconos, ratón y puntero han pasado a dominar la informática.

Años más tarde, cuando Apple presentó el iPod original, no supe ver que representaba el primer paso de la estrategia de Jobs para convertir a la empresa en el centro de nuestras vidas digitales y pensé no solo que iba a ser un fracaso, sino que iba a acabar con la empresa, pero más de 300 millones de iPods vendidos desde octubre del 2001 -entre ellos los que he acabado comprando yo- le dieron la razón a Jobs y a su equipo.

Eso sí, cuando luego sacaron el iPhone y más tarde el iPhone ya había aprendido la lección, y desde el principio dije que ambos iban a ser un éxito, y que Apple iba a vender no todos los que quisiera, sino todos los que pudiera fabricar, independientemente de que tuvieran o no cámara, puerto USB, o ranura para tarjetas de expansión de memoria.

Y es que con todos estos Apple ha demostrado que es capaz de poner en el mercado productos que ofrecen una experiencia del usuario tan lograda y tan estudiada que han conseguido causar revoluciones en sus segmentos de mercado, mereciendo el iPad una mención aparte.

Cuando Steve Jobs lo presentó en enero del 2010, dijo que no estaba seguro de que hubiera un sitio en el mercado para un dispositivo a medio camino entre teléfono y ordenador -muchos fabricantes habían intentado vender el concepto de los tablet con muy poco éxito-, pero que si lo había, el iPad era el producto ideal para ocuparlo.

Y no solo lo ha ocupado, haciendo que ninguno de los productos que la competencia ha sacado al mercado con la intención de destronarlo lo haya logrado ni de lejos, sino que ha hecho que se hable cada vez más de la era pos-PC, en la que no es que vayan a desaparecer los ordenadores, todo lo contrario. Lo que va a suceder es que cada vez haremos más uso de ellos, pero sin darnos cuenta, como, por ejemplo, sucede con el iPad, uno de los productos que, en mi opinión, más han contribuido a acercar a las nuevas tecnologías y a Internet a más personas que antes nunca se habrían planteado hacer uso de ellas.

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