Fracasa la iniciativa convocada el sábado de madrugada en una plaza coruñesa para rechazar la normativa que restringe los espacios a los fumadores
10 ene 2011 . Actualizado a las 09:26 h.La convocatoria para una gran cigarrón en la plaza de Monforte (A Coruña) para protestar en la medianoche del sábado contra la nueva normativa contra los humos tuvo poco éxito. No llegó a concitar ni a una docena de personas en el punto más álgido y aunque animados, los participantes eran menos que los fumadores que ocupaban la acera de un bar cercano para echarse el pitillo. Óscar Pose, uno de los que asistió, calificaba la ley antitabaco de «dictadura total, algo que no pasa nin con Franco», según señaló este hombre de 59 años, que aseguraba que llevaba 40 fumando.
A la plaza también se acercó María José Caramelo, que tildaba el no poder fumar en los establecimientos hosteleros de «medida desproporcionada» y consideraba que «hay otras cosas más importantes que atender», al tiempo que defendía la separación de los espacios.
Julio López se sumó al cigarrón solo en señal de protesta. Relató que llevaba dos años sin fumar, pero la madrugada del domingo volvió a echar unas caladas «contra la imposición, porque hay que hacer algo porque, si no, nos pisan». Mientras, Teresa Iglesias explicaba que la anterior normativa contra el tabaco era «suficiente» y argumentaba que la nueva ley no va a lograr reducir el número de fumadores. El único que le veía ventajas a salir fuera de los locales a fumar era Francisco Javier Santamaría Santiago. «Ahora charlas más con la gente, igual dentro de los bares no te hablabas, y ahora parece que se forman clubes de amistad entorno al cigarrillo». Sin embargo, explicaba que le resulta «denigrante» el tener que fumar en la calle. «Parece como si tuviera una enfermedad contagiosa», comentaba y apostillaba que «cada uno tenemos una manera de querernos matar», en alusión al daño que provoca la nicotina.