Siete millones de californianos se escondieron bajo las mesas en un enorme simulacro del gran terremoto que pueden sufrir
23 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El jueves a las 10.21 las sirenas comenzaron a sonar en todo el estado de California. Disciplinadamente, más de siete millones de habitantes de este estado siguieron las instrucciones que tan bien conocen: meterse debajo de una mesa. Y uno de los que se metieron bajo una mesa, en este caso un pupitre, fue el propio alcalde de San Francisco, Gavin Newson, que estaba en una clase de cuarto de primaria.
Era solo un simulacro, pero los californianos se lo toman muy en serio porque el riesgo que corren también lo es. Los trenes se detuvieron durante unos minutos, los hospitales de todo el estado cumplieron con las normas de seguridad en caso de gran seísmo y miles de voces repitieron la consigna de seguridad que las autoridades consideran más fiable para el caso de que se produzca el gran temblor de tierras que esperan: «Agacharse, cubrirse y agarrarse».
La razón de esa sencilla norma de seguridad es que el mayor peligro en una zona como California, donde la legislación antisísmica es muy estricta, está en la caída de objetos. Los expertos consideran que los edificios resistirían bien temblores muy intensos, pero en el interior de los inmuebles, cuando la tierra se mueve, también lo hace todo: estanterías, lámparas, cuadros? se caen al suelo y el riesgo de ser golpeado por esos objetos es el mayor peligro. De ahí la necesidad de meterse debajo de algo para buscar protección.
El último gran terremoto que sufrió California, o mejor la falla de San Andrés, que atraviesa su subsuelo, fue el 21 de octubre de 1868. Exactamente 142 años antes de que el alcalde de san Francisco se metiera este jueves bajo un pupitre. Y es que todos los años, el tercer jueves de octubre el estado del Pacífico organiza un simulacro de seísmo. Se trata de estar preparados para algo que va a suceder con toda probabilidad. Porque los terremotos se repiten.
Según los estudios geológicos, existen un 99% de posibilidades de que en los próximos 30 años se produzca un seísmo en esa zona que alcance, como mínimo, una magnitud próxima a los siete grados. Y las autoridades quieren que los californianos estén preparados para ese futuro, temido pero sobre todo esperado, Big One.