«La crisis se va a acentuar a partir de ahora»

La Voz

SOCIEDAD

18 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Isidro abrió hace diez años un establecimiento de turismo rural en Arzúa. Se cambió de ramo. Había venido de Cataluña a montar una joyería, pero la casa le tentó. Parecía un buen negocio: «Creíamos que esto sería la panacea, para hacerse ricos, pero yo estoy seguro que el año que viene cerrarán muchas». En realidad, su casa es de las que habría tenido que beneficiarse del Xacobeo; está a cinco kilómetros del Camino Francés: «Yo no tuve ningún mes al cien por cien. Solicitudes muchas y gente preguntando, también, pero, en los mejores momentos, al ochenta por ciento». Y eso que, según cuenta, se lo trabajó. Ofrecía un servicio para ir a recoger mochilas y peregrinos a pie de Camino y salvar así los cinco kilómetros que lo separan de la ruta. Pero con todo y con eso, a Isidro no le han convencido los resultados.

«Calentar una habitación en mi casa cuesta 16 euros, más otras zonas comunes como la lareira y el comedor. Imagínese que viene una pareja y se pasa unas horas en el comedor y no tienes a nadie más. No es rentable». Isidro tiene las cuentas bien echadas y le ve mala salida al negocio. Y no está muy contento con el resultado del Xacobeo: «Yo he visto a un peregrino jactarse delante de otro de haberse gastado menos de 50 euros desde Sarria (80 kilómetros)».

-Pero el turismo jacobeo es un poco así, alejado del consumo, ¿no?

-Y entonces, ¿por qué se nos vendió la moto?

Dice Isidro que los mejores momentos de este año fueron de entradas y salidas a diario, nada de quedarse varias noches. «No sé cómo le habrá ido a los demás, pero no ha sido para tanto. Cuando sale el sol, sale para todos. Además, yo creo que la crisis se va a acentuar a partir de ahora».

Isidro, de momento, no piensa en cerrar. Ahora viene la temporada de los calçots, una tradición catalana que le mantiene el negocio con vida durante el otoño. Lamenta que no se hayan desarrollado otras actividades paralelas que lo hayan puesto más en valor. Así que, diez años después, mira para su casa y valora si se equivocó al cambiar de negocio. Como joyero, vivía más tranquilo.