Trece víctimas acabaron suicidándose al llegar a adultos y otras seis intentaron sin éxito quitarse la vida
11 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Ocurrió en prácticamente todas las órdenes religiosas y se dieron casos en casi todos los colegios católicos. Entre las décadas de los cincuenta y los ochenta del siglo pasado, casi medio millar de menores fueron asaltados sexualmente por sacerdotes o personas vinculadas a la labor pastoral de la Iglesia belga. Trece de esos niños y niñas acabaron suicidándose al llegar a la mayoría de edad, y otros seis más lo intentaron, sin éxito. Algunos, ya de adultos, terminaron en la cárcel condenados por repetir con otros chicos los mismos abusos que ellos habían sufrido de pequeños. La publicación del informe Adriansens, elaborado por encargo de la jerarquía católica belga por una comisión que investiga desde hace diez años las denuncias de pederastia en el seno de la Iglesia, dejó ayer helados a los belgas, un pueblo especialmente sensible ante la violencia sexual ejercida contra menores, pero que parece condenado a revivir el horror periódicamente. «Este es el dosier Dutroux de la Iglesia», dijo ayer Peter Adriansens, el psiquiatra infantil de la Universidad de Lovaina que dirigió el estudio. Se refería a Marc Dutroux, el llamado monstruo de Charleroi, que entre 1995 y 1996, tras cumplir una condena por varios asaltos sexuales, secuestró y violó a seis niñas en esa ciudad, para acabar asesinando a cuatro de ellas. El informe Adriansens ha recogido los testimonios de varios centenares de víctimas de abusos por parte de sacerdotes y se hace eco de 475 denuncias de violaciones anales, vaginales y orales, de masturbaciones forzadas, de tocamientos y amenazas de todo tipo. Dos tercios de los menores eran varones, y alrededor de un centenar, mujeres. La mayoría empezaron a sufrir los abusos cuando tenían entre 12 y 15 años, pero la comisión ha registrado casos que afectaron a pequeños de 7, 5, 4 y hasta de 2 años de edad. Todos los entrevistados, según aseguró ayer Adriansens, padecen hoy severos traumas derivados de su horrible experiencia. Tanto que el psiquiatra no dudó ayer en hablar de «supervivientes». Ley del silencio La comisión reconoce que durante años la jerarquía de la Iglesia ejerció presiones sobre las víctimas para que imperara la ley del silencio y evitar así que sus casos salieran a la luz. Pero asegura que no ha hallado pruebas suficientes de que hubiera un ocultamiento sistemático de estos. Parece improbable, sin embargo, que las altas esferas católicas no supieran lo que estaba ocurriendo. Según el informe, la mayoría de los abusos se cometieron en los años sesenta, cuando se detectaron casos en prácticamente todas las diócesis y colegios regentados por órdenes religiosas católicas. El estudio también recoge el testimonio de una joven de 17 años que en 1983 denunció al obispado que había sido violada por un cura. «No le hagas caso y te dejará en paz», cuenta la víctima que le respondió el obispo.