Dos mares muy distintos

La Voz

SOCIEDAD

Una obviedad de Perogrullo que no lo es tanto: el istmo de A Lanzada da a dos mares completamente distintos. Por un lado, la ría de Arousa, plácida, de escasísima profundidad en estos pagos hasta el punto de formar un junqueral, mucho lodo, fondos arenosos, auténticas praderas de vegetación marina: O Vao. Por el otro, el Atlántico embravecido, lugar para el baño estival con mucha precaución, pegados a la orilla, maravillados por el espectáculo. Guerra y paz, dijo alguien, echando mano de la historia de la literatura. Ese istmo, geológicamente reciente, puesto que la península de O Grove otrora fue isla y así aparece en algunos mapas, es arena: dos kilómetros escasos de anchura máxima y casi cuatro de longitud. Los vientos del sudeste y la acción del mar son los responsables. Por la parte interior, la de la ría, va la carretera, así que el paisaje se ha modificado; por la contraria, y salvo en el extremo sur, todo es playa. Pero hay algo que une las olas domesticadas y las brutales de uno y otro lado: su valor ecológico.

Ello no quita que el ser humano en los últimos tiempos haya desarrollado un esfuerzo para racionalizar la explotación de aguas tan ricas. Lo cual, a su vez, no evita que en O Grove potencien su excelente marisco, que sale precisamente de ahí y no del Caribe, precisión oportuna en estos momentos de tanta adulteración. Para muestra, dos botones: la tan famosa Festa do Marisco en torno al día 12 de octubre y las jornadas dedicadas al centollo, que acaban de rematar.

O sea, geología, leyenda, paisaje y gastronomía. ¿Se puede pedir más?