Cenizas a la sombra de un roble

SOCIEDAD

Un cofre biodegradable que se entierra a los pies de un árbol simbólico, última novedad en inhumaciones en cementerios

01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El simbolismo del árbol, que representa el amparo, la compañía y la pureza, es la base de una nueva modalidad de inhumación de cenizas que se está empleando ya, con notable éxito, en varios cementerios españoles. El comprador adquiere una pequeña parcela en el camposanto, donde entierra un cofre biodegradable con los restos del ser querido que el terreno acaba absorbiendo, y los operarios del recinto plantan en el lugar un árbol y colocan una placa a modo de lápida.

Es una alternativa al nicho y suele ser más barata. En el cementerio de Deva (Gijón), la parcela con el árbol cuesta 2006 euros, frente a los 2.200 que, como mínimo, vale el nicho, en función de la altura que tenga. Deva acaba de crear el Parque de las Cenizas, un bosque que irá creciendo en torno a estas urnas biodegradables. El cementerio permite la elección entre un abedul y un roble autóctono. Al igual que sucede con el nicho, la adquisición de la parcela y el árbol permite la inhumación posterior de otros seres queridos sin que eso suponga un cargo añadido.

«La concesión, legalmente, es por 50 años, pero en la práctica es más porque nadie va a arrancar un árbol del cementerio en estas circunstancias», explica Javier Cadrecha, responsable de comunicación en Deva.

La idea del Parque de las Cenizas existe también en el cementerio de Córdoba o en el de Roques Blanques, a 18 kilómetros de Barcelona, que es pionero en esta modalidad desde la implantación hace dos años del Bosque de la Calma, de idéntico funcionamiento al de Deva. En Roques Blanques se ofrecen tres variedades autóctonas del parque de Collserola: encina, alcornoque y pino piñonero, y el servicio incluye una placa de mármol. El árbol familiar, con capacidad para cinco urnas alrededor, cuesta 2.156 euros, IVA incluido.

Explican responsables del camposanto que es «de gran ayuda» en los procesos de duelo, ya que se ofrece un referente físico (el árbol, el jardín) para recordar al difunto. Muchas personas esparcen las cenizas en el mar y luego «carecen de un sitio donde rememorar».