Expertos apuestan por la evaluación económica de las innovaciones para aumentar la eficacia del sistema sanitario
12 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.David Cutler, profesor de economía en Harvard y asesor de dos presidentes de Estados Unidos, hizo popular la evaluación económica de las tecnología sanitarias con un ensayo -Your Money or Your Life (2004)- en el que se planteaba si la inversión en diferentes tratamientos se compensaba con los resultados obtenidos en la mejora de la salud de la población.
En España, un artículo de los profesores Beatriz López-Valcárcel y Jaime Pinilla mereció el año pasado el premio de la Asociación de Economía de la Salud (AES). Valcárcel y Pinilla calcularon los costes y beneficios de las innovaciones en el tratamiento de la cardiopatía isquémica y en el infarto agudo de miocardio entre 1980 y el 2003. Encontraron que si los pacientes ingresados con infarto durante este período hubieran sido atendidos con los métodos de 1980 la tasa de mortalidad se habría duplicado. La innovación en el tratamiento de la cardiopatía isquémica había supuesto también duplicar el coste. Pero mereció la pena, concluyeron. La cuestión que consideraron Cutler, Valcárcel y Pinilla volvió a ser puesta sobre la mesa por Juan Oliva, vicepresidente de la AES, durante un congreso sobre innovación que la semana pasada organizó en Valencia la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) y en el que los expertos coincidieron en reclamar a las Administraciones públicas que se incorporen criterios de eficiencia en las decisiones de financiación pública de medicamentos y nuevas tecnologías.
«La salud debe ser vista también como una inversión porque está comprobado que las poblaciones menos sanas tienen niveles educativos más bajos y sufren para aprovechar las mejoras en el campo de la salud que se dan en otras naciones», apuntó Juan Oliva. Y, como inversión, la salud debe someterse a los análisis de costes y consecuencias, para «maximizar la ganancia de toda asignación de recursos y sabiendo que el cambio tecnológico es lo que más hace crecer el gasto», añadió.
¿Merece la pena aumentar el gasto sanitario? Oliva cree que sí, pero con condiciones: «Sabiendo lo que cuesta cada innovación y no solo fijándonos en la parte final, sino también en los imputs intermedios».
Javier Colás, presidente de la Fundación Tecnología y Salud, identificó esos imputs. El gasto repercute no solo en la mejora de la salud de las poblaciones. Además, lo hace en la eficiencia de los sistemas sanitarios (desde la capacitación del personal a la sostenibilidad económica de los propios sistemas). Colás enmarcó la apuesta por someter escrupulosamente cada innovación a una evaluación económica en el «cambio de era» que se está produciendo en la medicina («cada vez más técnica y menos ciencia»), que viene determinado por dos factores: «La asunción de responsabilidad en el cuidado de su salud por parte de cada individuo y el aumento constante de la inversión en salud por encima del PIB en los países de la OCDE».
Colás insistió en que es posible mantener tal incremento del gasto en la crisis, señaló que el coste de introducir una nueva tecnología «depende de cómo esté de preparado cada sistema sanitario para sacarle provecho», y recordó la cadena de las innovaciones «que se aplican primero en los hospitales de referencia y a medida que se comprueba su eficacia y se hacen más sencillas llegan a implantarse en la asistencia primaria».