Las inevitables, y odiosas, comparaciones con el Gaiás


El Centro Niemeyer y el Gaiás son dos proyectos similares. Veamos sus claves:

Arquitecto. Santiago apostó por Peter Eisenman, un teórico con escasa obra construida, más conocido en los círculos universitarios que entre los profesionales de la arquitectura. Sus edificios deconstruidos carecen de imagen icónica. Avilés eligió a una figura mundial, el último de los grandes maestros de la arquitectura moderna del siglo XX. Niemeyer, junto a Lucio Costa, levantó la ciudad de Brasilia y es autor de edificios legendarios como el Congreso Nacional, los palacios de Planalto y Alvorada o el Museo de Arte Moderno de Niteroi.

Edificio. El Gaiás es un monstruo, un complejo compuesto por enormes edificios con unos costes de mantenimiento desmesurados. Su convivencia con la ciudad histórica es complicada. En Avilés se está construyendo un pequeño centro cultural que servirá para recuperar un entorno degradado por la reconversión industrial. En los alrededores se ejecutarán proyectos comerciales, residenciales y de ocio en los que han mostrado su interés en participar arquitectos de la talla de Norman Foster.

Programa. Ni los políticos que aprobaron las millonarias partidas para el Gaiás saben qué meter en su interior. Aparte de duplicar instalaciones que ya existen en Santiago (Biblioteca Pública del Estado, Auditorio...) se crean centros sin fondos preexistentes (Museo da Historia de Galicia, Edificio de Nuevas Tecnologías). El Niemeyer, antes de inaugurarse, ya está funcionando como organizador de eventos culturales y científicos de primer nivel.

La urbe. En Avilés, el Centro Niemeyer será lo que hay que ver; aparte de tomar unos culines de sidra -como hizo Brad Pitt-, poco más se puede hacer en la ciudad asturiana. Santiago es conocida en el mundo como ciudad histórica y meta del Camino. Peregrinos y turistas no vendrán a otra cosa que no sea ver la catedral y pasear por el casco antiguo.

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