¿Cuántos kilómetros hay de Pontevedra a Cáceres? Unos seiscientos, responde el interlocutor ¿Has perdido una apuesta?, se pregunta. Nada más lejos. Simple curiosidad por saber cuánto tiempo han invertido cinco simpáticos extremeños en llegar a Pontevedra este fin de semana para no perderse su mítico baile de la Peregrina.
No fueron los únicos viajeros. California, México, Londres, San Sebastián, Granada, Valencia y, por supuesto, Madrid, son algunos de los puntos de origen de invitados que compartieron cena, copas y baile con las pontevedresas que no cambian las fiestas de su ciudad por un garbeo en costas más cálidas.
La cita, que reunió la noche del sábado en el parque de verano del Liceo Casino, en A Caeira (Poio) a cerca de seis mil personas, de las que prácticamente la mitad no sobrepasaban los 25 años, poco tiene que ver hoy con esa rancia cita de hace un cuarto de siglo a la que se llegó a bautizar con el nombre del baile del ¡Hola! ¿Qué tal?
Un disyóquey de nombre hispano, Javito, la orquesta Chatanova, dirigida por el maestro Leiba, la misma que tocó en la última fiesta de cumpleaños de la infanta Elena, y la directiva de la sociedad de recreo que preside Eduardo Barros, contribuyeron al lifting al que se ha sometido el baile (y alguna que otra de sus invitadas).
Diecisiete jóvenes pontevedresas, entre ellas las hijas de la presidenta del Parlamento de Galicia, Pilar Rojo, espectacular con un traje verde oliva, ¡palabra de honor!, y de la senadora popular por Pontevedra Dolores Pan, ya forman parte de la sociedad, como escribiría un antiguo cronista.
La Peregrina sabe mezclar hoy, como en interiorismo, elementos de ayer con pura vanguardia. Quien sabe algo de este tema y también de zapatos es José Luis Vilanova. El empresario pontevedrés que introdujo en Galicia los míticos Manolos, cambió los cordones de su calzado por unos slippers, esos que hacen de Rafael Medina y de Lapo Elklann los hombres mas elegantes del mundo.
Tan elegantes como el líder de la oposición cuando se pone pajarita. Mariano Rajoy dejó a un lado las guerras dialécticas con el equipo Zapatero y las denuncias de espionaje para trasnochar lo que no recuerda su memoria. ¡Hasta las seis de la madrugada!
El líder popular, muy bien rodeado por su familia, se prestó, se prestó y se prestó para mirar al pajarito e inmortalizarse con una larga cohorte de seguidores. Un consejo para la próxima: un Rajoy de cera y un fotokiler para que cada uno se dispare a sí mismo la foto y Mariano pueda llegar a la barra a pedir un whiski. Elvira Fernández, su mujer, lo tuvo más fácil. Eligió el tono de la noche: un azul profundo, un azul Bruni, el mismo que la vicepresidenta de la Diputación, Teresa Pedrosa, también guapísima con un diseño de María José Navarro, uno de los emblemas de Chamonix, que firmó el traje de alguna que otra de las jóvenes que se pusieron de largo. La diseñadora valenciana Presen Rodríguez, que ha vestido a más de una novia gallega, también se apuntó este año a un baile en el que corrió el champán y brillaron los fuegos artificiales y 16 damas de blanco.