Salas de urgencias abarrotadas de pacientes, farmacias casi sin existencias y miles de doctores desbordados por las llamadas de sus pacientes. Este es el panorama que desde hace días se vive en EE.?UU., donde el miedo a contraer el virus H1N1 ha arrastrado ya a buena parte de la población a colapsar los hospitales nacionales, incluso aunque no tengan una razón para ello. «La mayoría de los pacientes vienen incluso sin síntomas, solo para ver si están bien», se quejaba un facultativo al periódico The New York Times. La media de pacientes en urgencias ha aumentado en casi un centenar por día. Barack Obama volvía a repetir ayer que «el Gobierno está trabajando en el problema y no hay motivos para la alarma». La histeria ha llevado a varios párrocos a suspender rituales como la comunión o la costumbre de estrecharse las manos como símbolo de paz. «Ahora, con menear la cabeza será más que suficiente», afirmó el reverendo Joseph M. Jackson al rotativo neoyorquino. En un instituto de Delaware, un grupo de estudiantes que habían viajado a México fueron obligados a graduarse en una sala aparte, mientras la ceremonia era emitida por vídeo al resto de sus compañeros.