«Nunca nos lo pusieron fácil»

R.L.

SOCIEDAD

La ferrolana Patricia Rey cumple 20 años portando tronos y abriendo camino «en lo que era un mundo de hombres»

05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

No fue fácil, créanme, convencerla para que contase su historia. Y menos aún lograr que se dejase fotografiar. A pesar de que ella misma es una prestigiosa profesional de la fotografía, que solo ahora ha hecho un paréntesis en su carrera laboral para dedicarle el día entero a su hija, Alicia, un bebé que le alegra el corazón a cualquiera cuando se pone a sonreír. «¿Sabes qué pasa...? Que a mí no me gustan los protagonismos. Me gusta llevar el trono con recogimiento, y con el rostro cubierto por el capuz», cuenta Patricia Rey Llao (Ferrol, 1976), que en esta Semana Santa cumplirá 20 años como portadora de tronos, tras iniciarse en ello -fue una de las pioneras en España- a una edad en la que hoy ya no se permite llevar a cabo un esfuerzo como ese. Cofrade, desde muy niña, de la hermandad ferrolana de Dolores, tiene a gala ser una de las más fieles portadoras del trono de la Virgen de la Esperanza, que en Ferrol llevan a hombros solamente mujeres. Pero también ha conducido los de La Borriquita, La Coronación de Espinas, el Prendimiento, El Nazareno... 40 kilos al hombro «Con el trono de la Virgen de la Esperanza -cuenta Patricia- llevamos cada una unos 40 kilos a hombros, más o menos. Y conforme la procesión avanza, cada vez se te va haciendo más difícil desplazarlos. ¡Pero bueno...! ¡Cambias de hombro, te dejas llevar por la emoción...! Y la gente te anima muchísimo. Sobre todo las señoras. Hay que vivirlo para poder entenderlo. ¡Es que yo no sé explicar lo que siento...!». «De las que comenzaron conmigo -añade-, hoy ya no sale ninguna con el trono. Todas lo fueron dejando, porque pasan los años y esto es un esfuerzo tremendo. Y no es que yo sea muy mayor, que no lo soy, pero la espalda me duele cada vez más y ya no me recupero, después de una procesión, tan fácilmente como antes lo hacía. Por eso tiene que incorporarse gente nueva». «Digo que lo dejo, pero...» «Ya lo sé, todos los años es lo mismo -sonríe Patricia-. Digo que lo dejo, pero después no es cierto. Pienso que cada Semana Santa será la última que salga con un trono a hombros, pero en el fondo sé que no. Que continuaré mientras tenga fuerzas para seguir haciéndolo». Desde que en Ferrol salió en procesión por primera vez un trono portado únicamente por mujeres, el mundo ha cambiado más de lo que nadie podría haber pensado que cambiaría en solo un par de décadas. «Pero a nosotros nunca nos lo pusieron fácil, ¿eh? -dice Patricia, sin acritud, pero hablando como a ella siempre le gusta: muy claramente-. Este era un mundo de hombres. Y la primera vez que nos vieron salir con el trono se hacían apuestas. La mayoría estaban convencidos de que no conseguiríamos terminar la procesión, que no podríamos traerlo de vuelta». Pero quienes apostaban por ese fracaso se equivocaban de lleno, claro. Y tanto que lo hicieron. «Hemos tenido que pelearlo todo», subraya ella. «Hasta el derecho a llevar el hábito y el capuz. Antes era obligatorio que saliésemos a cara descubierta». Hay quien no vuelve Advierte Patricia Rey que, a pesar de su juventud, ella ya es una de las más veteranas portadoras de tronos de la multutidinaria Semana Santa de Ferrol. «Hombre -explica-, alguna vez ha llegado a salir una señora de 50 años, pero eso no es frecuente. Esos son los casos de personas que vienen solamente un año, seguramente por alguna promesa, y que después no vuelven». Las portadoras de la Virgen de la Esperanza comienzan a entrenarse dos meses antes de Semana Santa. «Lo más difícil -relata- es acompasarse para bailar bien el trono al ritmo de la banda». ( Bailar el trono , en el argot de los cofrades, es imprimirle al paso, al compás de la música, el movimiento que permite que, en medio de la multitud, la imagen parezca cobrar vida propia, para mayor emoción de quienes la contemplan).