Venecia, resignada al «acqua alta»

María Signo

SOCIEDAD

Los venecianos han aprendido a convivir con las mareas vivas que inundan la ciudad regularmente, pese a que la registrada esta semana superó los límites de seguridad

07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Vivir en una ciudad como Venecia no es fácil. A las hordas de turistas que la invaden puntualmente cada año, se une un invierno húmedo y frío como pocos. Vivir flotando en medio de una laguna conlleva numerosos problemas que los venecianos se toman con filosofía. El acqua alta es uno de ellos. El flujo de las mareas vivas en el mar Adriático, unido a los vientos de bora y de siroco, hace que este fenómeno se repita varias veces tanto en primavera como en otoño, cuando gran parte de la ciudad acaba bajo las aguas.

El fenómeno siempre ha existido. Ya las crónicas hablan de cómo en el 782 se produjo una gran inundación. A este primer testimonio le suceden otros muchos. Algunos de ellos narran auténticas catástrofes naturales, como la inundación del 20 de diciembre de 1282, de la que dicen que Venecia «se salvó de milagro». No fue hasta el siglo XIX cuando se empezó a observar científicamente el nivel de las aguas en la laguna. El primer mareógrafo para controlar las mareas lo instaló el Instituto Veneto de Ciencias en 1871, en el Palacio Loredan, en campo Santo Stefano. Tras la inundación de 1966, en la que el agua llegó a la altura récord de 194 centímetros, el Ayuntamiento creó el servicio de observación de las mareas para prevenir a la población. En aquella ocasión, la totalidad de la ciudad acabó bajo las aguas durante 24 horas, provocando un antes y un después en la toma de conciencia sobre el control y la prevención del acqua alta , ya que fueron numerosos los tesoros artísticos de la ciudad que sufrieron importantes daños.

Los venecianos viven la situación con calma, o al menos lo intentan. Están acostumbrados al capricho de las mareas y no se extrañan al ver parte de la ciudad bajo las aguas. En sus armarios no faltan varios pares de katiuskas que utilizar según la altura de la inundación, bajas, medianas o de pescador, y poder así continuar con sus costumbres habituales. En las zonas más bajas, como la plaza de San Marcos, se instalan pasarelas que permiten a los peatones atravesar las zonas inundadas.

La conocida entre los venecianos como acqua granda del tercer milenio, del pasado lunes, superó los límites de seguridad de muchos edificios, establecidos para mareas que van de 140 a 150 centímetros. A partir de este nivel, las pasarelas se volvieron ineficaces, el agua empezó a entrar en muchas casas y superó las barreras artesanales construidas en tiendas, almacenes y talleres. Algunos monumentos y obras de museos pasaron momentos difíciles, entre ellos los fondos de la Biblioteca Nacional Marciana, que se salvaron in extremis .