Los naturistas del sur de Galicia se resignan a ocupar arenales de acceso complicado y que carecen de los servicios de los que sí disfrutan las playas de bañador
14 ago 2008 . Actualizado a las 02:54 h.Patache, el difunto de Patache, fue un pionero en el noble arte de tomar el sol sin más ropa que unas sandalias. Eso ocurría hace treinta años en Cangas do Morrazo, en los tiempos en los que la moral se guardaba a zurriagazos. Pero a él le daba igual. Vivía en Vilela y se dedicaba a la descarga del mejillón. Pero, al primer rayo de sol, Patache gustaba de poner el culo al aire mientras que, con donaire, se mostraba directamente al monte do Castro de Vigo. Era el amo.
La historia de este avanzado a su tiempo la contaban ayer en una punta de la playa de Rodeira, conocida como playa de los Alemanes -es curioso, en toda Galicia hay varias playas nudistas «de los alemanes», como si desnudarse fuese una práctica exclusiva de los germanos- un grupo de mujeres de unos sesenta años que lucen moreno integral.
-Pero levan parte de abaixo, nudistas, nudistas non son...
[Responde la que tiene más desparpajo]: «¿Sabes que pasa? Que antes si que poñiamos o cu ao sol, pero empezou a chegar xente con bañador e non estamos tan cómodas.
El que sí está cómodo, espatarrado en su tumbona, sin más ropa que una visera del PSOE, es Vladimiro, «o primeiro escaiolista de Cangas -aclaran las mujeres-, poeta autodidacta y amante del naturismo». A sus 70 años, con el bronce de Vladimiro se podrían hacer medallas. «Empecé en Barra ?-cuenta- hace más de 25 años, cuando nos perseguían a palos». Pero él no se llevó ninguno, solo tuvo que soportar, si acaso, alguna mirada asesina y los comentarios de quienes, explica, «te miraban como si fueses una especie de violador».
La playa de los Alemanes de Cangas es preciosa. Lo malo es que, para acceder, hay que tener espíritu de cabra y trepar por las rocas. Y eso si la marea está baja, porque cuando sube no queda otra que meterse en el agua. Precisamente, lo complicado de la entrada se ha convertido en un impedimento para que otro clásico del nudismo cangués, el señor José, de 90 años, falte este año a su cita con el bronceado integral. «O señor José aínda vén sendo tío de Vladimiro», dice una de las señoras que nos sirven de guía en esta experiencia de contacto pleno con la naturaleza.
Lo malo que tiene preguntar a quienes viven el naturismo es que a algunos, sobre todo los más jóvenes, no les hace ninguna gracia que los interroguen, mucho menos que los fotografíen. No es el caso de Vladimiro, que no solo se presta al retrato que acompaña a esta crónica, sino que aprovecha para pedirle al ayuntamiento que dote estos espacios de los mismos servicios de los que disfruta, a escasos metros, la vecina playa de Rodeira, con sus duchas y sus aseos. «¿Y por qué se veta el acceso, por ejemplo, a las personas que utilizan sillas de ruedas?», se pregunta el escayolista poeta. Y tiene razón; el asunto de las rocas es un serio impedimento para los nudistas con problemas de movilidad.
Las mujeres defienden que, en cualquier playa, «cada un debería poder facer co seu corpo o que lle dea a gana», y dicen que, en todo caso, el problema está siempre en la cabeza del que mira.
-¿Y mirones? ¿Hay mirones?
«Alguno hay, aunque suelen hacerlo con discreción. Pasamos de ellos», dice una pareja de vigueses que se tuesta por la proa y por la popa bajo los rayos del sol de Cangas. Lo mismo que sus vecinos, solo reclaman más naturalidad.