Animación real

Manuel F. Blanco

SOCIEDAD

El pressing catch hace furor entre muchos niños y algunos preadolescentes. Conocen a los luchadores famosos e imitan sus saltos, gestos y gritos.

Estos héroes son como personajes de cómic o de dibujos animados, pero, a diferencia de los superhéroes clásicos, no ejercen su violencia al servicio de ninguna causa. En este espectáculo, se trata de contemplar imágenes sin discurso. Otra diferencia respecto de los personajes de cómic es que los cuerpos son reales, aunque los golpes no tanto. Es esto lo que proporciona la vertiente cómica del espectáculo. Este aparente realismo resulta muy seductor para los niños y les permite negar, ante sí mismos, que los golpes «son de mentira». Las mentiras, en este caso, sirven para satisfacer las fantasías agresivas, de dominio y de omnipotencia, que son una fuente de placer para la mayoría de los niños.

La afición por los golpes, y el rechazo a la conversación, se encuentra siempre más en los varones. Aun así, esto no debe llevarnos al alarmismo. El goce de un espectáculo de peleas no hace a un niño violento si no lo es previamente. Tal vez el riesgo mayor no es un incremento de la violencia, sino que la identificación viril se sostenga, al margen de cualquier relato, en la fuerza del cuerpo. Esta pobreza simbólica, donde el gruñido sustituye a la palabra y la violencia no necesita argumento, es lo más preocupante del éxito de este tipo de espectáculos.