De frotar con cresta de gallo a «brackets» para todos

La Voz

SOCIEDAD

11 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Los hombres siempre han sabido de la importancia de mantener sus dientes, y no sólo por una cuestión estética, sino por el problema que suponía no poder masticar. Los médicos llevan muchos años preocupándose por la salud bucal infantil como germen de la del adulto y, aunque los métodos han cambiado muchísimo, algunas propuestas se mantienen, como frotar las encías del lactante cuando le duelen, evitar la extracción del diente de leche siempre que sea posible o fomentar el consumo de la leche materna.

Leche de perra

Hasta el siglo XVII, la odontología estaba en manos de barberos y charlatanes, que ofrecían remedios cada cual más curioso para atender las bocas de los niños. Por ejemplo, estimular la dentición con friegas de manteca, miel, aceite de lirio o, los más exóticos, cerebro de liebre cocido o leche de perra. Si les dolía, lo mejor era frotar con cresta de gallo viejo (con los años se proponía de gallina).

Como mordedor, los niños de la época usaban dientes de lobo o velas de cera. Las aftas se curaban con zumo de violetas o de lechuga y las fisuras labiales se pasaban al frotarlas con lana muy limpia. Los flemones tenían indicado el higo abierto, el sarro se quitaba con oro o plata y para prevenir las caries nada mejor que un dedo untado en miel.

Hilos para enderezar

Con el siglo XVIII la especialidad pasó a los cirujanos y nació la ortodoncia de la mano de Pierre Fauchard, que intentaba enderezar los dientes utilizando hilos de seda encerada o filamentos de oro. Se usaban también bandas de plata que servían de férulas de referencia, para enganchar el diente y ponerlo derecho. Aunque este aparato tenía muy poca eficacia mecánica, duró unos cien años. Fue a principios del siglo XIX, en Inglaterra, cuando Joseph Fox ideó un aparato que consistía en poner dos cubos de marfil en los sectores posteriores atornillados a una banda metálica de oro o plata para corregir las mordidas cruzadas posteriores.

Hierros a la cabeza

El norteamericano Kingsley presentó a finales del XIX el primer aparato que corregía los dientes con hierros sujetos desde la cabeza.

Para todas las edades

La ortodoncia ha cambiado tanto en los últimos veinte años que hoy se corrigen problemas bucales casi inapreciables en otras épocas y se amplían al colectivo de adultos, quienes lucen brackets (los antiguos hierros) casi invisibles en sonrisas perfectas.