Cuando el mundo conoció el nombre del nuevo Papa, hace ahora casi dos años, el alcalde de Marktl am Inn, una pequeña localidad bávara donde nació hace 80 años Benedicto XVI, tuvo un presentimiento que se volvió realidad a los pocos días. «Nos convertiremos en un lugar de peregrinación», dijo Hubert Gschwendter. Ayer, el alcalde del pueblo bávaro más famoso del mundo, estaba nuevamente feliz y orgulloso de que su localidad sea ahora no sólo un lugar de peregrinación, sino el único lugar del planeta con un museo dedicado a Benedicto XVI: la casa donde el Papa nació a las 4.15 horas del 16 de abril de 1927. La inauguración del museo fue posible cuando la propietaria del inmueble aceptó una oferta que le hizo llegar una fundación católica que fue creada por iniciativa del arzobispo de Múnich. La dueña había decidido venderla, porque ya no soportaba el peregrinaje de cientos de turistas que pedían visitar el interior del inmueble, ni ver las caras aplastadas sobre las ventanas. Aunque nadie sabe cuánto pagó la fundación por el inmueble, las especulaciones periodísticas cifraron su valor en 3,5 millones de euros. La casa, construida en 1700, era una comisaría de policía cuando Ratzinger vino al mundo. El padre del actual Papa era el comandante local y tenía allí sus oficinas. Al cabo de dos años, la familia abandonó el pueblo para inhalarse en la ciudad bávara de Trautstein. Mientras, en Roma, el Papa celebraba con una misa en la plaza de San Pedro los 80 años que cumplirá hoy. En su homilía recordó a su familia y la ordenación sacerdotal como los dones que Dios le ha dado durante su vida. El Pontífice también agradeció el haber podido contar «con un hermano y una hermana».