LO del arte de vanguardia, vamos a ser sinceros, a mí me suena un pelín a broma. Puede que sea cosa del no saber. De no tener cultivado un exquisito olfato sensorial. Pero, como vamos a ser sinceros, soy de los que piensan que detrás de tanta innovación hay un poco de choteo. Hasta ahora, para mí el tipo más admirable en este sentido era el amigo Christo. Capaz de acaparar los medios de comunicación empaquetando los edificios. ¿Para enviarlos? ¿Para guardárselos? Un fenómeno. Pero ahora le ha salido un potente competidor. Otro crac. Se llama Simon Pope. Es profesor de la Escuela de Arte y Diseño de Cardiff. Y allí, en la capital galesa, acaba de lanzar su órdago. Supongo que tras miles de migrañas creativas, de múltiples noches de insomnio, Pope ha dado en el clavo. Ha logrado abrir una exposición en la que no hay nada. Nada de nada. Sólo pasillos y paredes que ya estaban antes de que inaugurase. En caso de que se pueda inaugurar nada. Dice que lo hace para que el visitante recuerde sus experiencias en otras muestras. Para «existir en dos espacios al mismo tiempo». ¿Luce o no luce la frase? Porque será lo único que le luzca al amigo, que debe haberse quedado descansado. Y ahora se dirá que Pope es un innovador, un pionero, un osado, un provocador, un incomprendido, un visionario, un genio... Y al final hasta me voy a sentir mal (aunque seguro que se me pasa) por no emocionarme en una habitación vacía, por no ser capaz de existir en dos espacios al mismo tiempo ¿? Y por preguntarme si Pope cobrará entrada. Por nada.