La comarca para la que el futuro almacén de residuos radiactivos se ha convertido en una espada de Damocles salió a la calle para protestar sin que Galicia se sumase
05 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Nunca hubo tanta gente en Peque como ayer. La localidad zamorana -cuyo alcalde ha ofrecido terrenos comunales al Ministerio de Industria para la construcción de un cementerio nuclear- se hizo grande para acoger a los centenares de personas que, desde distintos rincones de Zamora, acudieron a manifestarse contra la decisión municipal. Una decisión que, de hacerse realidad, afectaría a toda la provincia y también a Galicia, a sólo sesenta kilómetros. Cubo de Benavente, Santa Eulalia, Valleluengo, Sanabria, Los Valles, Justel, Carballeda... una pancarta, un pueblo. Eso sí, en la marcha sólo se distinguían dos acentos: el castellano y el francés de las decenas de emigrantes que pasan el verano en el lugar. No sonó el gallego. Aunque los organizadores más entusiastas soñaban con contar hasta cinco mil personas, la Guardia Civil cifró el número de manifestantes en cerca de dos mil. En todo caso, y tratándose de Peque, una localidad de apenas doscientos habitantes, eran muchos. Nada tenía que ver el pueblo tranquilo que era hasta el miércoles, cuando se conoció la noticia, con el de ayer. El movimiento contra el almacén temporal de residuos radiactivos es fundamentalmente popular. Los vecinos se han constituido en plataforma, recogen firmas (ayer superaron el millar) y convocan manifestaciones sin que ninguna de estas medidas se las dicten partidos políticos, sindicatos u oenegés. De forma organizada, pero a la vez espontánea. Alcalde, dimisión Lo que ayer pidieron en la calle, a pleno sol, fue la retirada del ofrecimiento del alcalde y, de paso, su dimisión. Precisamente el regidor, Rafael Lato Lobato, fue ayer el hombre más buscado en un Peque forrado de pasquines y pancartas. Parece que no se encontraba en el pueblo. Se especulaba con la posibilidad de que hubiera viajado a Madrid o Portugal, decían los vecinos que escoltado por las fuerzas de seguridad, para evitar el mal trago del rechazo popular que, por el momento, le ha hecho plantearse una reflexión, pero no dar marcha atrás. A pesar de la ausencia, los vecinos quisieron llevar la protesta a la casa familiar de Lato, que fue custodiada por la Guardia Civil. «La falta de lugares dispuestos a admitir residuos radiactivos convierte inmediatamente en firmes candidatos a los municipios con intención de hacerlo», decía el manifiesto preparado por la plataforma vecinal que ha decidido dar la vuelta a la tortilla y aprovechar que ahora Peque existe para pedir a las Administraciones un aumento en las inversiones públicas que permita el desarrollo económico de la zona, el respeto al entorno y una mayor calidad de vida. «Dadnos a los vivos lo que necesitamos: hospitales, carreteras, depuradoras y no cementerios», rezaba una de los carteles. En Peque nadie se había manifestado nunca. Lo más parecido a lo concentración de ayer, probablemente, sean las fiestas del lugar. No se explica de otro modo que hubiera más cámaras de vídeo y de fotos en manos de vecinos y visitantes que de periodistas. La protesta de ayer, el día que Peque se hizo grande, pasará a ocupar un lugar en la estantería de los vídeos de bodas, bautizos y comuniones. Y mientras tanto, el alcalde, repudiado en el pueblo, ha conseguido lo que quizás buscaba. Ahora Peque, como Teruel, existe.