EL PIANISTA misterioso que apareció como un fantasma húmedo en medio del Reino Unido no era un gran intérprete de una importante orquesta europea. En realidad, apenas sabía tocar cuatro piezas de academia en el piano y tenía diez veces más de farsante que de artista. El científico coreano que presentó el mayor avance sobre la clonación humana era en realidad una especie de Dr. Jekyll algo sonado y dispuesto a las mayores trolas con tal de salir en Science y, por descontado, en todos los periódicos del planeta. Todo era mentira. Tampoco era verdad que hubiera amenazas de destrucción masiva en Irak. En realidad lo sospechábamos, pero este año lo ha reconocido el mismísimo George Bush: me dejé engañar, dijo. Y además me salté un poco todas las leyes del mundo para luchar contra el terrorismo, añadió. Y así hemos ido pasando el año. Contando algunas mentiras que creíamos que eran verdad, lo cual nos proporciona dos intervenciones: una en la que contamos la noticia y otra en la que la desmentimos. Incluso este año aclaramos la verdad sobre mentiras que se habían contado en años o incluso en siglos anteriores. Por ejemplo, la negación del limbo, un clásico del catolicismo que este año se ha revelado más falso que las células madre del coreano o que el virtuosismo del pianista. Así que, por las mentiras que contamos sin saber que eran mentiras, les pido disculpas, pero no puedo prometer dejar de hacerlo.