Como una piña contra el tabaco

Pilar Vegas REDACCIÓN

SOCIEDAD

VI. Terapia de conducta en grupo Varios estudios apuntan que la unión de terapia de conducta y farmacológica es de las más efectivas contra el tabaquismo. Y si la terapia se hace en grupo, tanto mejor

21 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando está en proceso de dejarlo, un fumador pasa por muchos momentos buenos y malos. Los de euforia de «Esta es la definitiva», «Ya llevo dos días sin probarlo» y los de tentación de tirar la toalla y querer encender un cigarro. Puede pasarlos solo, si quiere, y también apoyado por otros, que, como ya se sabe, las penas, compartidas, son menos penas. Y sobre esta idea trabaja una de terapias que se han demostrado más efectivas para dejar de fumar, con hasta el 40% de éxito. Se trata de una combinación de terapia de conducta en grupo y tratamiento farmacológico. La terapia conductual trata de hacer que el fumador o fumadores conozca su forma de consumo, las situaciones que le hacen encender más cigarros, lo que siente al prenderlo y cuántos pitillos fuma por placer y cuántos por rutina, entre otras cosas. «Todo lo han de poner por escrito. Hacer un registro de estos comportamientos ayuda a racionalizar, a conocer cómo se comporta una persona como fumador y ese es un punto de partida muy importante», explica Fernando Molina, neumólogo de Clínica Assistens de A Coruña y de la Asociación Española contra el cáncer. Pero esa es sólo una parte que hay que completar con algo fundamental: fijar el día D, el día en que se dejará de fumar. Llegada esa fecha, la terapia de conducta prosigue y, en los casos de algunos fumadores, ésta se complementa con tratamientos farmacológicos, como las pastillas de bupropión o los métodos sustitutivos con nicotina. Son los médicos de acuerdo con el fumador quienes deciden la conveniencia de compaginar ambos tratamientos. Pero especialmente hacen hincapié en la importancia de las reuniones en grupo con el neumólogo. «Normalmente intentamos que sean personas del mismo centro de trabajo, o que exista una conexión entre ellos. De esa forma unos se motivan a los otros y se ayudan en los momentos más bajos y evitar recaídas», dice Molina y apunta que en las terapias, además de desarrollarse los tratamientos, surgen muchas soluciones para ir mejorando día a día. «Y las que mejor funcionan son las que apuntan los fumadores», dice. La terapia se inicia con una reunión semanal, de entre cuarenta minutos y una hora. Transcurridas seis semanas, el tiempo puede espaciarse, aunque el seguimiento se mantiene durante seis meses. «Un 20% dejan de asistir a las reuniones, pero del 80% restante casi todos acaban con éxito el tratamiento», celebra Molina.