El enfrentamiento que tiene lugar en el seno de la Iglesia sueca, de culto protestante, sobre la bendición de las parejas homosexuales supone uno de los episodios más críticos en la historia de la principal religión del país. La participación de la sociedad en los temas que salpican el interés general está tan arraigada que incluso los siete millones de fieles de un país en el que viven nueve pueden organizar cada uno de los obispados y parroquias del Estado a través de las elecciones que se celebran periódicamente. También dentro de la Iglesia se toman decisiones como si fuera un parlamento. Esto fue lo que ocurrió el 27 de octubre, cuando los representantes eclesiásticos decidieron por amplia mayoría (160 votos a favor, 81 en contra y ocho abstenciones) aprobar la bendición de las parejas homosexuales que hayan sido unidas por las autoridades civiles. Es decir, consentir un matrimonio eclesiástico de facto entre gais. Pero la medida no ha gustado a varios párrocos, que anunciaron que abandonarán el ejercicio, y cerca de mil han firmado una protesta a través de una página de Internet, que fue clausurada por los numerosos insultos que se recibieron.