Del desarrollo de la misión dependerá la continuidad del programa de transbordadores Desde el accidente del «Columbia» llevaba treinta meses sin enviar una nave tripulada
26 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Bienvenida a bordo, Eileen, y buena suerte», fue el saludo que la comandante Eileen Collins recibió del centro de control. «Buena suerte también para ustedes», respondió la mujer, la primera de los siete integrantes de la tripulación del Discovey en ingresar al transbordador y encargada también de dirigir una misión histórica para la NASA: regresar al espacio treinta meses después del accidente del Columbia . Después de dos despegues frustrados en mayo y julio, -en este último caso debido al fallo de un sensor en los tanques de combustible- la suerte estuvo esta vez del lado de la agencia espacial norteamericana. Un estruendo ensordecedor, una cola de fuego y una gigantesca nube de humo fueron la estela que el Discovery dejó en su camino hacia el espacio exterior para dirigirse a la Estación Espacial Internacional. El centro espacial de Cabo Cañaveral en Florida acababa de presenciar un despegue de manual. Dos años y medio después de la tragedia del Columbia , que causó la muerte de sus siete ocupantes, la NASA regresaba así a la exploración espacial tripulada. La tripulación llevaba semanas preparándose para este momento, lo que la obligó incluso a alterar sus horarios de sueño. Después de llenar la nave con 1,9 millones de litros de hidrógeno y oxígeno líquido, unas horas antes del despegue llegó el gran respiro de alivio: todos los sensores del tanque exterior funcionaban con normalidad. Durante las últimas dos semanas, doce equipos habían trabajado sin pausa para reparar el fallo del sensor 2, que mostraba el tanque «vacío» a pesar de encontrarse lleno y que obligó a suspender el lanzamiento del 13 de julio. Foto de familia Las últimas horas previas al despegue tienen tanto que ver con la rutina como con la tradición. Para la obligatoria foto de familia, la tripulación eligió lucir camisetas hawaianas. En el desayuno, el ingeniero de vuelo Steve Robinson, miembro de la tripulación, cantó un par de canciones acompañado de su guitarra. En un clima distendido comenzó entonces el informe meteorológico, y las buenas noticias se seguirían sucediendo. La amenza de un frente de tormenta que pesaba hacía días terminó disipándose. Para el alivio general, no había viento ni nubes. El tiempo juega un papel fundamental. Por razones de seguridad, el despegue debía ser filmado para averiguar si la nave ha sufrido daños durante el lanzamiento. Mientras un astronauta tras otro subía a la nave, la comandante Collins repasó una vez más en su libreta los procedimientos en caso de emergencia. Finalmente, el Discovery tuvo un despegue ejemplar y desató la euforia en la NASA, que por fin ha conseguido su principal objetivo: reanudar los vuelos tripulados al espacio exterior. La misión no es una más, sino que tiene como objeto verificar la seguridad del transbordador. Si todo funciona con normalidad, la NASA reanudará el programa de transbordadores, un aspecto vital para concluir la construcción de la Estación Espacial Internacional.