¿Impostores?

J. C. ORTIZ

SOCIEDAD

ENRIC Marco, uno de los últimos héroes españoles, era un impostor. El presidente de la asociación Amical de Mauthausen pidió ayer disculpas por haber mentido durante años sobre su condición de deportado del nazismo en un campo de concentración. Durante tres décadas, sobrecogió en charlas y conferencias a cientos de auditorios con todos los detalles del horror del Holocausto y hasta fue vitoreado en el Congreso por diputados sollozantes. Enric, que escribió Memorias del infierno , publicado en 1978, pidió ayer perdón, no sin antes recordar, en su pliego de descargos, que con su falso testimonio contribuyó a perpetuar la memoria de los supervivientes de los campos de exterminio. Las falsas biografías son un asunto inquietante. En los años treinta, Jorge Luis Borges comenzó a publicar en un diario sensacionalista de Buenos Aires una serie de falsas biografías de personajes famosos en los que gestó su Historia universal de la infamia . Esta patología típicamente borgiana afectó a la mismísima premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú. Su autobiografía fue usada por sus detractores como el arma definitiva para combatir su causa. Me llamo Rigoberta Menchú, así me nació la conciencia estaba plagado de inexactitudes cuando no de falsedades que ponían en tela de juicio la tragedia personal de su autora. Amparada en la cultura indígena, que asume como propias las experiencias de los demás, se justificó: «Tengo mi verdad. La historia de mi comunidad es mi propia historia».