Labores de café

B.R. SOTELINO

SOCIEDAD

10 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO ES extraño que en las ciudades del planeta con más inventiva, de Nueva York a París, se haya puesto a la última un plan de ocio que encandila a colectivos tan dispares como órdenes religiosas, estrellas del pop, abuelas tradicionales y adictas a cursillos. La moda son los cafés-tricot, y no es nada raro teniendo en cuenta que cada vez está más cerca el día en que en un café no se pueda fumar ni, con el tiempo, tomar café a menos que sea descafeinado. Hacer punto en un bar suena rancio, pero si Julia Roberts está por la labor y una ex Spice Girl monta en Los Ángeles un local de esta guisa donde poder sacar las agujas del bolso sin complejos y ponerse dale que te pego al croché, la cosa cambia. Si llega hasta aquí, las que aborrecen la dictadura de la moda «juani» podrán alargar sus jerseys a su gusto, hasta donde el michelín daña la vista. Hay quien ya sabía que el tejer es un placer mucho más práctico que otras actividades que triunfan en la sociedad moderna para no ponerse de los nervios. Porque mientras un yogui se hace un nudo con su cuerpo para otear la paz interior y un maestro de tai chi pasea una pelota imaginaria por el gimnasio por relax, una aficionada al ganchillo llega a la misma tranquilidad mental y al tiempo que se toma un carajillo, se hace una bufanda, termina una colcha y te hace unos saquitos ideales para el Mp3. El punto de cruz y la vainica salen del armario y el feminismo más radical también se apunta, pero para tejerse una soga.