Bel canto

LUÍS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL DETALLAZO de la Xunta de gastarse 17.000 millones de pelas en un teatro de la Ópera en la Ciudad de la Cultura suscita críticas. Los discrepantes muestran un grave desconocimiento de Galicia. Aunque exista un teatro de la ópera a sólo 70 kilómetros del nuevo, y aunque Vigo, Ourense y el propio Santiago dispongan ya de recintos aptos, es indudable que Galicia clama por otro templo lírico. Y es que mientras algunos países pelean por su economía o su medioambiente, los gallegos, pueblo de estetas, estamos poseídos por el frenesí del bel canto. Bajas a comprar unas albóndigas al Gadis, y el carnicero y la charcutera están cuchicheando sobre el cisma entre el director Riccardo Muti y la Scala de Milán. Entras al bar a soplar una caña, y cuando temes que el camarero te dé la turra con la crisis del Dépor, va y te comenta que está «de bajón, porque la nueva ópera de Lorin Mazel ha pinchado en el Covent Garden». En casa, enchufas la tele, y ahí tienes a Superpiñeiro, preguntándoles a sus concursantes «¿qué é o dodecafonismo?». Y en Luar , ni rastro de Demis Roussos: «Hoxe temos unha noite temática adicada a Puccini», anuncia Gayoso, entre ensordecedoras salvas de aplausos de quienes piensan que se trata de un nuevo central italiano del Celta. Visto el país que tenemos, Quintana, Fraga y Touriño deben bajar de la nube y responder a la pregunta que de verdad inquieta a los gallegos: ¿qué corriente operística conserva más vigencia, el melodrama italiano o esa suerte de oficio penitencial que es la escuela alemana?