Aduanas

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

16 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

UN PRÍNCIPE, un Papa y un Nobel de Literatura coinciden en las puertas del cielo. Los tres confían en entrar, pero camuflan cierto nerviosismo sordo. Wojtyla, como buen profesional del Más Allá, parece el más seguro de surcar la aduana. Rainiero deambula inquieto: tiene dudas sobre cómo recibirán por aquí al jerarca de un paraíso fiscal. Saul Bellow, de estirpe hebrea, teme toparse con un Yavhé ceñudo y bíblico, que le afee su desbordada pasión por las mujeres. Pedro se asoma a la cancela en chándal. Ante el desconcierto del trío, les da charla: «Las cosas aquí arriba no son exactamente como os han contado abajo. Vais a pasar los tres. La vida es muy puñetera y tras un trago así no dejamos fuera a casi nadie. ¿Alguna pregunta?». Rainiero alza una mano regordeta: «En el futuro, ¿quién de nosotros tres será más recordado?». Pedro suspira y habla: «Tu gloria será volátil, porque las proezas del ¡Hola! se marchitan rápido. Al amigo polaco lo harán beato y será un héroe en su país, pero habrá más papas y sus escritos caerán en el absoluto olvido; ¿quién se acuerda hoy de San Silvestre I, de Pío IX...? Creo que el futuro será de Saul. En sus novelas siempre habrá consuelo para los lectores enfermos de extrañeza que quieran aliviarse de las cargas de la condición humana. Vosotros dos sois famosos, buenos profesionales, pero me temo que Saul es eso que llaman un clásico ». Suben las escaleras. Bellow se rezaga unos peldaños fichando a una rubia con alas.