UN MAL día Noli se dejó media vida de camino al trabajo. La otra media la conserva. Habrá quien diga que ni siente ni padece, pero también los médicos le dieron tres días de vida y lleva cinco años postrado en su cama. Nadie sabe nada cuando hablamos de la vida. Sería como poder contestar al mítico a dónde vamos y de dónde venimos. Está en coma, pero rodeado del amor de su familia. Su historial clínico es muy parecido al de Terri Schiavo. Esa joven de Florida que quedó en coma por hacer una mala dieta y que su marido, con el consentimiento de un juez, quiere dejar morir de hambre. Qué paradoja. Quiso adelgazar y perecerá de inanición. El tipo dice que ella le dijo que prefería morir a seguir viviendo así, pero no hay forma de comprobarlo. ¿Qué hacer? Desde luego, no dejarla morir de hambre. Es cierto que a diario mueren miles de niños que no tienen nada que comer y que no salen en los periódicos. Es cierto que hemos asumido su dolor. Es cierto que seguiremos acumulando riqueza a su costa. Es cierto que les hemos condenado a la pobreza. Pero ese sufrimiento no resuelve el dilema. ¿Qué hacemos con los Nolis y las Schiavos? Una sociedad sana respetaría su voluntad. Igual que Ramón Sampedro tenía derecho a morir dignamente, Schiavo tiene derecho a ser alimentada. Si ella no puede pedir la muerte, la obligación de los médicos es mantenerla con vida. No está muerta. Como Noli, que pese a estar en coma mantiene activa y unida a una familia con la que se cebó la desgracia.