Lácteos de Arzúa hasta en la sopa

Emma Araújo ARZÚA

SOCIEDAD

Festa do queixo El certamen gastronómico cumple treinta años y consolida al sector Artesanos e industriales comercializaron miles de piezas de distinto sabor y tamaño

06 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?urados, frescos, ahumados, salados, sosos, grandes, pequeños, de nabiza, con mortaja, envueltos, artesanos, industriales... Quien ayer se acercó a la Festa do Queixo de Arzúa y no compró ninguna pieza no tuvo excusa. Ni siquiera la de la dieta, porque en muchos puestos se comercializaban, a un módico precio de dos euros, pequeños quesos diseñados para la ocasión, «para facer un regalo ou para a xente que vive soa e que ten medo de que se lle estrague». El buen tiempo acompañó durante todo el día, lo que facilitó la llegada masiva de visitantes y, al mismo tiempo, convirtió el centro urbano de Arzúa en un aparcamiento gigante improvisado. Como toda cita gastronómica que se precie, junto al recinto oficial, en un moderno multiusos que se inauguró ayer, se vivió la otra feria, con atracciones infantiles, las últimas tendencias en ponchos peruanos y el siempre presente top manta, con pasodobles y temas de Operación Triunfo. Pero por aquello de que el queso era el anfitrión, tanta música enlatada se diluyó con el pasacalles de los gaiteiros que se encargaron de recordar que jugaban en casa. Las cuatro mil piezas puestas a la venta desde primera hora de la mañana dejaron un tufillo ciertamente adorable para los amantes del buen queso y para los expertos en el arte del regateo. Artesanos y artesanas se aferraban con uñas y dientes a los precios de partida, tan dispares como variedades de lácteos estaban a la venta. Es más, hubo quien se acercó a Arzúa para comprar suero de queso, un buen sustituto de la manteca. Otros esperaron a la degustación oficial y gratuita de queso Arzúa-Ulloa, con raciones propias de la alta cocina y servidas con mujeres que combinaban sus guantes de látex con el traje de los domingos. Mientras tanto, algunas vendedoras como Emi, de Vilasantar; y Merche Ramos, de Arzúa, verdaderas atrapaclientes, reconocían que de casta le viene al galgo y que, de los treinta años que cumple de fiesta, ya habían participado en más de la mitad de las ediciones, siempre pertrechadas tras un producto artesanal, un cuchillo para dar la prueba y, en un día como el de ayer, este caso, con un mandil oficial, que las asemejaba a los cocineros de la tele. Aunque hubo queso hasta en la sopa, en la noche del sábado la música fue la protagonista, con el exitoso concierto de Kiko Veneno y Orishas en el campo de la feria.