¿HA VISTO Million dollar baby ? Se lo pregunto así. De forma directa. ¿Por qué? Porque esta es una columna de opinión. Y, en mi opinión, si ya ha acudido al cobijo del cine el negocio está resuelto. Podría dejar de leer aquí mismo. Esto va dirigido a los remolones. Oigan, que se están perdiendo algo muy grande. En serio. Me importan un bledo las estatuas doradas que Hollywood y su sanedrín le concedan a Clint. No se trata de premios. Se trata de cine. En mayúsculas. Se trata de ser capaz de arañar el alma. Tanto que acaba a uno por sangrarle. Se trata de la genialidad de narrar. De meter al espectador en una montaña rusa. De desordenarle las entrañas. De revolverle las ideas. Se trata de provocar sin grandilocuencias. De generar reflexión sin estridencias. Se trata, en definitiva, de una obra maestra. Eso creo. Y no me sorprende. Eastwood ya ha dejado pasmado antes al respetable. Pero Mistyc River es un ensayo al lado de esto. Resulta que Harry el sucio era un genio. Resulta que el eterno vaquero era un crack . Resulta que muy pocos niñatos le llegan a la suela de las botas. Quizá le ganen en lentejuelas. O en efectos especiales. O en portadas. ¿Y en cine? Qué va. Lo tienen crudo. No le durarían un asalto. Million dollar baby demuestra que existe vida más allá de las payasadas. Que la pantalla es un arte. El séptimo. Pero un arte. ¿Apostamos? Vayan a verla. Y hablamos. Si les queda aliento. Claro.