Crónica
05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.FIESTA DURANTE TODO EL DÍA. Los primeros disfraces en Xinxo empiezan a verse desde por la mañana. FESTIVAL DE LA CANCIÓN HUMORÍSTICA. La fiesta en Xinxo continuó a las siete con un festival de chirigotas. PANTALLAS PARA TODAS LAS EDADES. Las nuevas generaciones mantienen la tradición de las pantallas. En un triángulo de tierra en el oriente de la provincia de Ourense se vive la fiesta como en ningún otro sitio en Galicia. Ahí, el 99% de los vecinos se disfraza. Oficiamente, el carnaval empieza hoy; pero eso no es verdad. En Xinzo, Verín y Laza, la bandera del entroido en Galicia, llevan días en vereda y por lo visto y oído tienen cuerda para rato. En Xinzo, donde dicen que lo gordo llega a partir de hoy, ya había ayer por la tarde unos chavales que competían desde el jueves por permanecer despiertos. Prometían no ceder a la llamada de Morfeo hasta el martes. Iban de políticos. Los chavales dibujaban a los plutócratas rebolludos y tripones, con los dedos afianzados en las sisas del chaleco y un cohíba humeando en los labios. A su lado correteaban unas muchachas disfrazadas de mujeres de vida alegre que convertirían a Valeria Mesalina y demás cortesanas de la antigüedad en aprendices mojigatas. Los avances de la genética carnavelesca no parecen tener fin. En Xinzo, como en Verín o Laza, el entroido comenzó hace siglos y ya desde entonces quedó prendido en la gente como el chicle. Presumen de que en este triángulo en el oriente ourensano se disfraza el 99% de la gente. Y es cierto. Además, es el ciclo de carnaval más largo de los que se celebran en España, comenzando las fiestas tres domingos antes del propio carnaval, con el Domingo Fareleiro, cómica batalla en la que todos se embadurnan de harina. Sucede a éste el Domingo Oleiro, tradición que consiste en hacer corros de personas que se lanzan ollas llenas de agua. Tras este se celebra el Domingo Corredoiro, cuando las comparsas invaden las calles, antesala de O Entroido, que es hoy. La pantalla de Xinzo El símbolo de Xinzo es la Pantalla, un personaje de calzón blanco, camisa blanca, polainas, capa de seda negra o roja con cintas de colores, y una o dos vejigas de vaca bien secas e infladas en las manos, con las que zurran al que pueden o se deja. Y en la cabeza, la pantalla, que da nombre al conjunto y que se confecciona artesanalmente con cartón mostrando la cara de un demonio con barba. La gente de por aquí no cambia esto por ningún otro placer en el mundo. Un joven antelano (así se les llama a los de Xinzo) pone de ejemplo a su tío para explicar el fervor con que se viven estas fiestas. Dice que el hombre venía todos los años desde Santiago de Chile a pasar los carnavales. Palizones como este hay para aburrir. En Verín manda el Cigarrón. Un traje de estos alcanza los 2.500 euros (sólo la máscara sale por 400 euros). Y cuando salen en procesión (hoy mismo, al mediodía), dicen que forman una hilera que alcanza los 150 metros, dando infantiles latigazos a diestro y siniestro. Los que no van de Cigarrón, van con lo primero que encuentran por casa. Con unos trapos echados por encima sin orden ni concierto basta. Ayer mismo, en la hora de la sobremesa, unos forasteros, ?cuando ya creían haberle echado el lazo a un bomboncito de voluptuosas turgencias, se tropezaban bajo el rimel y los labios pintados con un bigardo más feo que Picio. Así es el entroido, una sorpresa. Elisa Regueiro, que se disfrazó por primera vez apenas cuando había comenzado a andar, dice orgullosa que el carnaval «se escapa de las manos, que hay que aprovecharlo y que la fiesta no la hace el disfraz, sino la persona». También cuenta que uno de los mejores días del entroido en Verín es el jueves de comadres. «Las mujeres son las que mandan, las que cierran todos los restaurantes sólo para ellas. Y si un hombre se atrece a entrar, pueden hasta desnudarlo», destaca. Por las calles de Verín caminaba ayer un Sadam Husein greñudo y derrotado que se dejaba ver las encías y el cuero cabelludo por un marine como si fuese una mula en una feria de ganado. Peliqueiros de Laza En Laza no se veía ningún sadam, pero destacaba un hombre que imitaba a esas mujeres que se empachan de hormonas para hincharse la pechuga. Contaba con acento femenino que en Laza, ya a partir del primer día del año y durante todos los domingos, la juventud recorre el pueblo anunciando el entroido, que alcanza su máximo apogeo el domingo y martes de carnaval, únicos días en que salen a la calle los peliqueiros, que persiguen alegremente al público, lanzándole hormigas y harina. Parodian así a los recaudadores de impuestos que exigían fuertes tributos de parte de los Condes de Monterrei. A Rogelio se le pone el pecho como una pompa de jabón al contar en que consiste la tradición de los peliqueiros. Chicos, chicas y mayores caminan a trompicones hasta la plaza por una calle estrecha, donde les espera una turba de gente inconsciente del peligro que se les viene encima. En sus incursiones no es del todo insólito que se aticen un lingotazo de vino. Cuando llegan abajo lanzan harina y hormigas. Lo de las hormigas tiene su miga. Al parecer, las cazan días antes y las meten en una caja de cartón hasta que las dejan más hambrientas que Carpanta. Cuando las liberan, salen como toros y pican como avispas.