El Papa contra todos

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

EL ROMPEOLAS

24 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS RELACIONES entre la Iglesia y el Gobierno españoles me tienen fascinada por su despropósito. Son como una larga canción de Pimpinela, hecha de insultos y amoríos, gorgoritos y florituras, malabarismos y fintas, declaraciones y desmentidos. Bailan la yenca, el pasodoble, la lambada: se insultan, se aman, se adoran, se dan la razón, discrepan y se desdicen. Comprendo que no debiera de ser así pero los obispos y los ministros me hacen sonreír con sus torpezas, me encantan, me llenan de regocijo. Bailan un baile alegre y vocinglero, hecho de desmentidos, subidas de tono y falsas perspectivas. (Afortunadamente, bailan la lambada y no el danzón). El Gobierno se hace el deseoso y deseado, ronda a los obispos, les da leña, no sabe en dónde meterse el catecismo. En cuanto a la Iglesia española ¿qué decirles? Lo de la rehabilitación del preservativo (por el sida) nos hizo albergar a todos grandes esperanzas sobre la salud mental de los obispos, pero enseguida se hizo trizas como todo sueño inalcanzable. Me imagino que Woytila debió de tirarle de las orejas a Rouco por descocado. Ahora están todos sin saber para donde tirar, de puro despiste. Y es que, mientras Setién y la Conferencia Episcopal mantienen un tira y afloja sobre la idoneidad cristiana de votar por Ibarretxe, el Papa ha decidido que España está echada a perder por el laicismo y que nos vamos a condenar a fuego lento. No hay nada mejor que un buen improperio papuno para comenzar el día.