LA GÁRGOLA
14 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SIEMPRE que el Santa Barbara News-Press no juegue de farol con sus exclusivas, al amigo Michael Jackson le pintan bastos. Sus huellas dactilares han aparecido bien claritas en una revista pornográfica encontrada en su imposible rancho Neverland. Junto con las del menor que le acusa de abusos sexuales tras haberle suministrado sustancias tóxicas. Alcohol, presuntamente. Ni siquiera sus abogados han realizado comentarios al respecto. ¿El que calla otorga? A lo mejor. Y a lo mejor es lo que se está preguntando Rodney Melville, la tercera pieza del puzzle. ¿Por qué? Porque es el juez que sigue el caso. Porque a partir del 31 de enero tendrá que decidir sobre una estrella. Ídolo para unos. Demente y depravado para otros. Y el tal Melville lo va a tener bastante complicado. Todo cabe en una historia en la que nada está, al parecer, probado. ¿Puede que alguien se quiera aprovechar de la pasta del pobre Michael? Igual. Pero también puede que todo sea tan cierto como repugnante. Que se trate de la punta de un negro iceberg. Del prólogo de un libro con muchos capítulos. De esos que avinagran la sangre mientras se leen. Y sea cual sea el veredicto final, las mismas preguntas quedarán siempre en el aire. ¿Qué hubiera pasado si no se tratase del níveo y multimillonario artista? ¿En qué fase estaría el asunto si el acusado fuese un tipo de la calle? ¿Qué sería de Michael si no se apellidase Jackson? La Justicia dirá. Que dicen que es ciega.