ALEMANIA se halla convulsionada. Un grupo de arqueólogos acaba de localizar en una dependencia ignota de la casa de Martín Lutero un excusado. Y no es un excusado cualquiera. El hombre que formuló las bases de la Reforma en la que se sustentaría el protestantismo padeció en vida un mal invalidante y puñetero, crónico y molesto: estreñimiento. La rebeldía de su astricción era de semejante naturaleza, que el alemán consumía horas aposentado en el excusado para intentar resolver la cicatería de sus agarrados intestinos. Él mismo dejó escrito que la inspiración que le llevó a considerar ?con gran éxito de público, por lo que después se vio? que el ser humano tiene garantizada la salvación a pesar de la fe, se le apareció cuando permanecía confinado en una «cloaca». Así que los arqueólogos que trabajan en la casucha radicada en la ciudad de Wittenberg no han dudado en considerar que el servicio localizado en un nicho de piedra de nueve metros por nueve sostuvo durante horas al revolucionario pensador durante sus ratos de contemplación. La Reforma habría sido alumbrada en un wáter. Es comprensible el estruendo que el hallazgo ha causado en Alemania, en donde la institución que gestiona la casa natal de Lutero se prepara para recibir una avalancha de visitantes que convertirán objeto tan denostado en una suerte de icono sagrado. De rey de la inmundicia a príncipe de la inspiración. No somos nadie.