VIDAS EJEMPLARES
16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN 1967, Bob Dylan caminaba sobre las aguas. Era el mesías eléctrico de los primeros jóvenes que podían permitirse los deleites de la rebeldía y el hedonismo tarambana. En aquellos días de paz y amor (y colocones cósmicos), Noel Paul Stookey formaba parte del trío Peter, Paul & Mary. A pesar de practicar un pop ñoño y muy comercial, Paul Stookey se sumergió en el espíritu de los tiempos y se nos volvió «hippioide». Deslumbrado por la psicodelia, se encaminó hacia Woodstock en busca de respuestas. Allí vivía el gran oráculo: Bob Dylan. Paul se metió un tripi para envalentonarse y se plantó en casa de Bob. Con un buen cebollón encima, divagó sobre el amor, el misticismo, los Beatles.... Finalmente, interrogó al profeta: «¿Qué significa la vida para ti?». Dylan, irónico, lo miró como si fuese un ornitorrinco y respondió así: «Paul, ¿lees alguna vez la Biblia?». Bob Dylan, prototipo de artista hermético, acaba de publicar su autobiografía. Allí cuenta que de joven odió hasta la náusea su cliché de líder generacional. Mientras el mundo le exigía bohemia y magia; él asegura que tenía una preocupación excluyente: criar a sus bebés. Dylan revela que su leyenda llegó atosigarlo tanto que grabó adrede varios discos malos para apearse del pedestal. Suena de fondo All Along the Watchtower, canción de uno de los discos premeditadamente fallidos de Dylan. Es tan tersa, tan exacta, que este tipo sólo puede ser un genio... o un mentiroso. ¿O será las dos cosas? luis.ventoso@lavoz.es