Todos estábamos de acuerdo en que la mejor forma de erradicar el terrorismo es atajar sus causas. ¿Todos? No. Zaplana parece que sigue creyendo que es mejor la política de confrontación, ésa que llevó a su antiguo jefe a alistarnos en una guerra ilegal que no queríamos. La respuesta del portavoz parlamentario del PP al discurso de Zapatero ante la ONU revela que algunos han sido incapaces de digerir el castigo infligido a su espantosa estrategia internacional. El tono bambi del presidente no invalida la propuesta para buscar un entendimiento entre civilizaciones. Y mucho menos justifica la enrabietada y pueril reacción del máximo responsable parlamentario de la oposición. La candidez de la propuesta de Zapatero será, en todo caso, mejor que la obstinada decisión de arrojarnos a los brazos de Bush. Se ve que en un mundo encallecido por la manipulación y el cinismo resulta infantil pretender una alianza mundial para acabar con la miseria y la ignorancia, el alimento del fanatismo. Será, pero la mofa es sencillamente irritante cuando viene de quien avaló los embustes para justificar una guerra de rapiña. Con la misma candidez hippy que prometió y ordenó el regreso de las tropas, Zapatero le da ahora la vuelta a la doctrina del choque de las civilizaciones de Huntington. A Zaplana el discurso le ha parecido una redacción de niño de colegio de monjas. Pero en la ONU, donde mandan los poderosos y pagan los pobres, ha recibido aplausos.