El desfile de los que ganaron a la muerte

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri RIBEIRA

SOCIEDAD

CARMELA QUEIJEIRO

Crónica Unas 50.000 personas y diez cajas de difuntos acompañaron al Divino Nazareno en su recorrido por la villa

19 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?Mira papá, xa ven o santiño». Con este y otros vítores fue recibida la imagen del Divino Nazareno, que ayer recorrió las calles de la localidad coruñesa de A Pobra en la tradicional procesión de As Mortaxas. Se trata de un acto que lleva más de quinientos años celebrándose, y que gracias a la fe toma vigor cada tercer domingo de septiembre. Delante del santo desfilaron diez ataúdes presididos por otras tantas personas que temieron por su vida pero que gracias a la medicina de la fe vencieron a la muerte. Pequeños, adultos y mayores aguantaron más de dos horas de caminata, muchos de ellos descalzos, otros ataviados con túnicas moradas, y la inmensa mayoría portando velas o exvotos de cera. Un silencio sepulcral en pleno mediodía, los rostros solemnes de los ofrecidos y las escalofriantes muestras de fe infligieron al acto un ambiente de respeto y conmoción. Todos quisieron desfilar junto al Nazareno, bien fuera andando, con muletas o en silla de ruedas. Según la organización, cerca de 50.000 personas integraron la enorme serpiente humana, que tras reptar en zigzag por las calles de la villa hizo una parada en la zona de A Covecha, donde una impresionante traca de bombas rindió tributo al Cristo Nazareno. Hasta la localidad pobrense se desplazaron más de 250 autocares cargados con fieles procedentes de otros puntos de la geografía gallega e, incluso, española. Tampoco quiso perderse la procesión de As Mortaxas el conselleiro de Política Territorial y vicepresidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, que desfiló acompañado por el alcalde de la villa, Isaac Maceiras.