Ramones

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A ESTAS alturas del partido ya empezamos a intuir que toda existencia humana concluye algún día (bueno, quizá haya alguna excepción en la Xunta). Pero aún así, no deja de asombrarnos que se nos mueran los Ramones. Johnny Ramone, el guitarrista rasca-rasca del mejor grupo punki de la historia, dimitió de vivo hace cuatro días. A pesar del flequillo adolescente, gastaba ya 55 años (para ubicarnos: es como si Pérez Touriño anduviese pegando botes por los escenarios con playeras y chupita de cuero). Aunque parecía un invulnerable personaje de cómic, a Johnny se lo llevó un cáncer de próstata, la enfermedad estándar que nos acecha a todos los gachós otoñales. Además de Johnny, también se han muerto ya Joey, el cantante más feo y coñón del mundo, y Dee Dee, el bajista drogota de la banda neoyorquina. A día de hoy, sólo quedan vivos dos «ramones», los dos baterías que tuvo el grupo. Clínicamente, lo poco que nos han durado nuestros venerados Ramones tiene su explicación: «Moito visio », que diría mi abuela. Uno de sus primeros éxitos se titulaba Ahora quiero esnifar pegamento . Con tales aficiones, se vuelve muy complicado llegar a pensionista. La edad mental de los Ramones rondaba los 15 años y su música era más sencilla que unas declaraciones de Valerón. Parecían inmortales; pero ahora crían malvas y nos dejan una pregunta: ¿Cómo es que todos los sexagenarios Rolling Stones siguen vivos, delgados y con pelo? Ahí hay gato encerrado: «Sympathy for the devil».