ENTRE LÍNEAS
01 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CONFIESE. Se ha apuntado al gimnasio y a clases de inglés y se ha hecho la firme propuesta de salir a correr dos veces por semana y de ir a nadar a la piscina los sábados. Quiere bajar peso y tonificar esos eternamente relajados músculos del bandullo humano. Septiembre es tiempo de nuevos proyectos. Es el inicio de todo. Es una oportunidad de cambio. Un salto hacia esa vida que nos gustaría llevar pero que a la postre es tan aburrida. No se engañe. De todo lo que se proponga en este mes loco de vueltas al cole y regresos de vacaciones, un 90% quedará en agua de borrajas. Pronto se cansará del inglés harto de su imposible pronunciación y de sus verbos irregulares. El sofá y el frío y la lluvia del invierno le darán la excusa perfecta para dejar de hacer footing . El agua de la piscina municipal le resultará fría y la pereza le hará honrar a Morfeo en la hora que pretendía invertir en deporte y salud. Septiembre es también el mes de las colecciones imposibles. La televisión nos bombardea. Nos anima a hacernos con todo tipo de objetos inútiles. Coches de bomberos, miles de piezas con las que montar la maqueta del Juan Sebastián Elcano, coches de carreras, dedales del mundo o abanicos pintados a mano. De todo. Debo reconocer que alguna vez también yo sucumbí ante la tentación de querer cambiar y le dije a unos amigos que podíamos quedar para correr después del trabajo. Uno me preguntó con mofa y sarcasmo: «¿Hacia dónde?». El otro terminó de arrastrame por el suelo de la realidad espetándome un «también podemos quedar para no ir» que aún me escuece. Septiembre es el mes de los despegues, octubre el del aterrizaje.